jueves, 27 de octubre de 2011

Episodio CXXVIII

Es muy tarde y no tengo fuerzas para poner las curiosidades, si eso me paso mañana porque no creo que lo lea nadie a estas horas.

Tamaño: 6'5


Episodio 

CXXVIII

S
hawn Stevenson y los caballeros continuaban conversando en el aire, sobrevolando el cráter del volcán, que todavía desprendía mucho calor. Calor que alimentaba en Arturo la idea de que habían tratado de asesinarle. Sin embargo, el caballero sabía que no tenía pruebas concluyentes, y ante la nueva declaración de Shawn, decidió continuar investigando.

“¿A qué te refieres con eso del verdadero entrenamiento?” le preguntó el caballero del fuego.

“Ya te lo dije antes de empezar, si no superabas este primer entrenamiento, era mejor que murieses. El entrenamiento consistía en recuperar tus poderes completamente, pero yo no podía decirte nada más”.

“¿Y eso por qué? Si se puede saber…”

“De haber empezado a conversar contigo, habrías pensado que yo iba a ayudarte a recuperarlos, pero no iba a hacerlo. No podía hacerlo porque eso es algo que tienes que conseguir tú solo, es decir, yo no sabía nada más que tú”.

“¿Lo está diciendo en serio? – Pensaba Arturo – Ya no sé qué creer… Al fin y al cabo, fue él quien me arrojó a la lava. Me cuesta pensar que no tenía una idea de lo que iba a pasarme…”

“Pero ahora todo eso da igual, lo importante es que estás plenamente recuperado y que puedes empezar tu verdadero entrenamiento”.

“¿Está tratando de cambiar de tema? ¿Sabrá que sospecho de él?  No sé exactamente qué pretende, así que lo mejor será que le siga la corriente para ver si consigo averiguar algo”.

“¿Te pasa algo, Arturo? No dices nada” le dijo Shawn al ver que no contestaba.

“No, nada. Estoy bien. Ardo en deseos de comenzar mi nuevo entrenamiento”.

En ese momento, Shawn avanzó hacia él rápidamente y le dio un puñetazo en el estómago.

“¡¿A qué ha venido eso?!” exclamó Jonyo.

“Lamentablemente, como ves todavía no puedes empezar la siguiente fase de tu entrenamiento. A pesar de que has recuperado tus poderes, en el proceso has perdido todas tus energías. Tardarás unos días en recuperarte. Vete a descansar. Mientras tanto seguiré con el entrenamiento de Jonyo”.

“¿No podías decírselo simplemente? – Opinó Gabriel – ¿Era necesario golpearle?”.

“Prefiero demostrar las cosas con hechos directamente antes de permitir la posibilidad de que duden de mí. Es mucho más práctico”.

“Déjalo, Gabriel. Estoy bien – dijo Arturo recuperando la compostura – Él tiene razón, aunque yo no comparta tampoco sus métodos”.

“Avísame cuando estés recuperado”.

“Lo haré”.

“Muy bien. En ese caso, ¡vámonos Jonyo! Ya has holgazaneado bastante. Hay que continuar con tu entrenamiento”.

“¿Qué he holgazaneado? – pensaba el caballero del rayo mientras se alejaba siguiéndole – ¿Pero no se basa el entrenamiento precisamente en eso?”

“Los demás podéis iros también – dijo Arturo muy serio – Yo tengo algo que hacer antes de irme a descansar”.

Reik, Peter, Gabriel y Fidel se alejaron lentamente y sin decir nada, pero de pronto el caballero de la tierra sintió que un brazo firme le retenía.

“Espera – le dijo Arturo, con la mano apoyada en su hombro – Tú quédate. Quiero hablar contigo”.

“¿Conmigo? – se preguntó extrañado – ¿De qué?”

Antes de que el caballero de la tierra obtuviera una respuesta, Arturo le hizo alejarse del volcán y buscaron una zona más apartada y solitaria donde  poder hablar con tranquilidad. Al final terminaron cerca de la casa de Shawn, alrededor de la ahora extinta hoguera sobre la que habían relatado sus recuerdos.

“Bueno, ¿de qué querías hablarme?”

“Quería darte las gracias. Antes mencioné que en parte había recuperado mis poderes gracias a ti, pero no te lo pude explicar debidamente. Discúlpame”.

“¡Eh! ¿Qué son todos esos formalismos? Somos amigos, ¿no? No hay nada de que disculparse”.

“Cuando estaba en el interior del volcán, tomé una decisión y a cambio de cumplirla se me devolvieron los poderes. Esa decisión tenía que ver contigo”.

“¿Me quieres tanto que pediste volver a verme llorando como una nena? Jajaja, ¿de qué va todo esto, Arturo?”

“Pues más o menos – Arturo sonreía, pero se estaba tomando muy en serio su deber. Sabía lo que se avecinaba, y quería llegar a ello lo más rápido posible, para pasarlo también lo más rápido posible – El caso es que, encima que recupero los poderes gracias a ti, tengo que pedirte otra cosa”.

“Esta conversación tiene una pinta muy homosexual – seguía bromeando – pero bueno, dime”.

“Quiero que abandones la idea de enfrentare a Mesa”.

La sonrisa de Fidel desapareció en menos de un instante.

“¡¿A qué coño viene eso ahora?!” cambió el tono radicalmente.

“Ya te lo he dicho. Recuperé mis poderes a cambio de tomar una decisión. Esa decisión fue impedir que te enfrentes a Mesa para que te mate”.

“Bueno pues dile a tus poderes que se larguen otra vez porque no lo vas a conseguir”.

“Pero, ¿por qué? ¿Por qué algo así es tan importante para ti?”

“Eso mismo te pregunto yo, ¿por qué? ¿Por qué me vienes con esas a estas alturas? ¿Es que no me has visto discutir con Gabriel? ¿Acaso no di motivos suficientes entonces? Mesa mató a Isabel y debe morir por ello”.

“¡No te creo! ¡Hay algo más! ¡Existe una contradicción en tu argumento!”

“¡Ja! ¿Ah, sí? Pues demuéstralo”.

“Puedes tener la oportunidad de matar a Mesa siguiendo el curso natural de las cosas. Es un enemigo y tarde o temprano tendremos que enfrentarnos a él, por lo tanto, montar todo este numerito por algo que va a ocurrir de todas formas sólo puede significar que hay algo más detrás de todo esto”.

“¿Todavía no lo entiendes verdad? No quiero que acabemos con Mesa. Quiero acabar con Mesa. En primera persona. Quiero hacerlo yo, y no otro. Por eso tengo que ir yo a por él antes de que él venga a por nosotros”.

“Pero, ¿por qué?”

“Quiero hacer algo. Algo que merezca la pena. Y por mí mismo. Algo que demuestre que merecía estar en el equipo, que merecía ser un caballero. No puedo estar a la sombra de vosotros y llevar el mismo título”.

“A lo largo de toda nuestra aventura todos hemos colaborado en mayor o menor medida no sólo luchando, también ayudándonos y apoyándonos. Tú igual que el resto. Has combatido, ganado, perdido, y acabado con tus enemigos en Petoria, en Arcadia y en Azeroth”.

“Vamos a ver cuánta razón tienes, hagamos memoria... Bien, empecemos, por Duckman, como no. Sí, a Duckman le maté yo, ¿no? Hice que cayera al vacío. Le maté tan bien que volvió para que Verónica tuviera que sacrificarse en vano para acabar con él, y encima el cabrón volvió a sobrevivir y Jonyo tuvo que rematarle. ¡Esa muerte también fue culpa mía!”

“El dominio de Duckman sobre sus propias habilidades era demasiado elevado, por eso dio tantos problemas aun siendo tan débil. No fue culpa de nadie, pero si quieres buscar a un culpable, acusa al propio Duckman”.

“¡No he terminado! – Le cortó, como si le dieran igual sus argumentos – Continuemos... ¡Yolien! A esa la mataste tú, y luego Kevin a su bioandroide. A Dikna... ¡hala, también te la cargaste tú! ¡Dos tantos para el caballero!”

“No tiene gracia, estás frivolizando la situación”.

“¡Continúo! – Volvió a ignorarle – El Silenciador de Halitosis y Luigi, aunque no los llegaste a conocer... Mesa se los cargó a los dos, el mismo día que se cargó a Isabel, mira tú por donde...”

“Ya es suficiente... Capto el mensaje”.

“Pero antes de que Mesa se los cargara, nosotros les habíamos derrotado, es cierto – ya ni se molestaba en hacerle callar. Le habían pedido respuestas y ahora iba a hablar cuanto quisiera – Isabel derrotó a Luigi, y yo al Silenciador de Halitosis. Sí, ¡pero porque estaba quieto y no podía defenderse!”

Fidel hizo una pausa. Esperaba que en ese momento Arturo volviese a cortarle, pero el caballero del fuego ya había abandonado esa actitud, e iba a escucharle todo lo que tuviera que decir.

“Luego parece que mientras íbamos a por Peter, que si te digo la verdad nunca me ha parecido muy de fiar, Andrés se enfrentó a otra persona, y también murió, pero yo por lo menos no sé nada más, así que no puedo entrar en detalles. Pero con Snape ya sí puedo. Vi perfectamente cómo se suicidó después de ser derrotado por Reik. Y desde entonces, hemos tenido diversos encuentros con Jezabel, Mesa y Lardo, pero ninguno ha sido decisivo, aunque me acuerdo perfectamente del ataque combinado entre Reik, Jonyo y tú para derrotar a la teniente. Todavía en aquellos tiempos, pensaba que las cosas tenían solución, que simplemente no había llegado mi momento aún, pero que estaba en la misma línea que vosotros. Hasta que pasó eso”.

“¿Eso?”

“Hasta el día que perdí en los Juegos de Petoria. Alguien sin entrenamiento ni habilidades elementales me arrebató la victoria”.

“No perdiste ese combate porque tu adversario fuera más poderoso que tú. Era un espectáculo, y todos éramos más fuertes que los demás, pero intentamos que fuera un combate justo. Tú te confiaste y bajaste demasiado el nivel. Pero aun así, te recuerdo todos los resultados. Peter ganó, Gabriel se rindió, yo gané, Reik ganó, tú perdiste y Jonyo empató. No fuiste el único que no consiguió la victoria”.

“Gabriel se rindió porque... Bueno, esto es una teoría mía... Creo que tiene un poder que no puede controlar, o que desprecia, no estoy seguro. Por eso siempre intenta evadir el combate y cuando no puede evitarlo, nunca lucha al máximo de sus fuerzas”.

“¿De dónde has sacado esas ideas?”

“No puedo contártelo. De todas formas no estamos aquí para hablar de él. Sí, él se rindió, y Jonyo empató, pero empató porque el collar ya estaba alimentando la energía de Eddy antes de activarse. No era un combate justo. Así que el único que no obtuvo la victoria en igualdad de circunstancias fui yo”.

“Bueno vale, perdiste en un juego estúpido, ¿qué demuestra eso?”

“Y luego un simple campesino manipulado mentalmente estuvo a punto de derrotarme”.

“¿Te refieres a Wancho?”

“¿A quién si no? ¿Conoces a más campesinos que hayan sido manipulados mentalmente y se hayan enfrentado a mí?”

“La persona de la que estás hablando está muerta. Muestra un poco de respeto”.

“Tú lo has dicho. Está muerto. Poco daño puede hacerle lo que diga de él. De todas formas, sólo trataba de mostrarle tal como era, no de menospreciarle. Manipulado o no, fue un rival digno, pero manipulado o no, también era un campesino”.

“El encantamiento de Miss Jewel no era un simple control mental. También era capaz de otorgar poderes especiales a sus víctimas. No puedes verle como una persona cualquiera sin poder alguno. Yo tuve que enfrentarme a Reik y te aseguro que era mucho más fuerte bajo el influjo de esa bruja”.

“Que bien que saques ese tema. Tú te enfrentaste a Reik. Tú te enfrentaste a Mesa. Tú te enfrentaste a Seagram. Tú te enfrentaste al Capitán Lardo. Siempre tú...”

“No me ha gustado nada ese tono. Mis combates no han sido más importantes que los de los demás. Si Peter no hubiera derrotado a JesuCristo yo no habría podido derrotar a Seagram, sin Jonyo y Reik no habríamos derrotado a la teniente en Petoria para después ir a por Mesa y si tú no te hubieras encargado de Wancho yo no habría podido llegar hasta Reik”.

“Yo creo que es mucho más simple que todo eso. Únicamente es que el más fuerte es quien se ocupa de los más fuertes. Lógico, ¿no?”

“Aunque eso sea verdad, no quita el hecho de que...”

“No quita el hecho de que yo soy el más débil”.

Los dos se quedaron en silencio, mirándose fijamente. A Fidel le habían pedido sinceridad, y ahora él estaba exigiendo lo mismo.

“Es cierto que eres es el más débil” dijo finalmente el caballero del fuego.

“Oh, muchas gracias por restregármelo en la cara. No estaba suficientemente hundido ya...”

“No he venido aquí a engañarte, sino a convencerte, y no me has dejado terminar de hablar. Eres es el más débil, pero también eres el más sincero, el más abierto, el más amable, el más...”

“El más tonto” concluyó él.

“Di lo que quieras, pero yo no creo que, aun siendo un poco más débil que los demás, esa sea una diferencia suficiente como para arriesgar tu vida de esta forma. Lo siento pero no lo entiendo”.

“¿Cómo vas a entender tú, Señor SuperGuerrero, cómo me he estado sintiendo todo este tiempo, y cómo me siento todavía? Ver que todos los demás a tu alrededor avanzan, mejoran, evolucionan, y tú te vas quedando atrás. Cómo va apareciendo gente que se supone que está menos preparada que tú, Mireia, El Caballero Negro... Pero que sin embargo te superan completamente. Y saber que tus compañeros, a base de esfuerzo lograrán alcanzarlos y superarlos a ellos y a todos, pero que tú estás destinado a ser un perdedor, un mindundi, un fracasado, porque ese es tu lugar”.

“¿Por eso te fuiste?”

“No. Me fui porque estaba solo. Íbamos en grupo, sí, pero yo estaba solo. Puede que eso sea, efectivamente, un grupo, pero no es un equipo. Cada uno va a lo suyo, lo cual no tiene nada de malo, pero yo no podía seguir ahí, porque lo que yo quería conseguir no era posible continuando con vosotros”.

“No estoy de acuerdo. Puedo entender que no te hayas llevado tan bien como tú quisieras con Jonyo o con Reik, que no confíes en Peter, e incluso que hayas tenido tus diferencias con Gabriel. Uno no siempre está totalmente a gusto. Pero lo que no puedo aceptar es que no hayas recurrido a mí antes de irte dejando un triste mensaje, cuando somos amigos desde pequeños. Te has comportado como un gilipollas todo este tiempo y te lo he estado consintiendo sólo porque pensaba que a pesar de todo, antes de hacer una tontería como esa al menos contarías conmigo, hablarías conmigo. Eso ha sido lo que más me ha dolido de todo, tu completo desprecio a nuestra amistad”.

Hacía ya un rato que la conversación había superado las fuerzas de ambos caballeros, que deseaban no sólo no estar allí, sino que las cosas no hubieran tenido que llegar a ese punto. Pero eso no era posible, y lo único que podían hacer era seguir adelante hasta que uno de los dos terminara con todo aquello. Se miraron a los ojos, rogándose el uno al otro que acabaran con esto de una vez, y a la vez demostrando que ninguno iba a ceder en sus ideas respecto del otro. Finalmente, Fidel desenvainó su espada y trazó una línea en la tierra con ella.

“Tienes razón Arturo, te he fallado. Creo que hemos tocado fondo y es el momento de que todo acabe”.

“¿Vas a… – se le iluminaron los ojos al caballero del fuego – ¿Vas a abandonar tu obsesión por Mesa?”

Durante un instante, el tiempo se detuvo. Fidel sonrió a su amigo, mientras ambos recordaban todos los momentos que habían pasado juntos, pero acto seguido, esa sonrisa desapareció del rostro del caballero de la tierra para siempre.

“A partir de ahora, ya no somos amigos, tan sólo seré un miembro más de ese grupo en el que cada uno busca su propio objetivo, y al igual que respetas a los demás, voy a exigirte que me respetes a mí. La línea que he trazado en el suelo representa la barrera que hay entre nosotros. Si te atreves a cruzar esta línea, te atacaré sin dudarlo un segundo”.

Y sin decir una sola palabra más, Fidel envainó su espada y se marchó volando lentamente.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Episodio CXXVII

La semana pasada estuve jugando a Sonic y el Caballero Negro, un juego de Sonic para Wii que se desarrolla en el mundo del Rey Arturo. Al final del juego, el enemigo final te cuenta sus motivos para querer llevar a cabo su porpósito, y precisamente esos motivos son que el propio reino de Camelot está condenado a desaparecer por culpa de todas las mierdas del Rey Arturo y sus caballeros. Que si se tiró a su hermana y tuvo un hijo con ella, que si ese hijo luego da un golpe de estado, hay una guerra y se matan todos entre ellos, que si el mejor amigo del rey se tira a su mujer... En fin, que como escritor, me han dado más de un motivo para plantearme si hice bien en poner Arturo a mi protagonista xD

Título: Turn the Power On Again
Tamaño: 7
Dedicado a: N/A


Episodio 

CXXVII


Habría detenido a Fidel – se repetía el caballero del fuego según se hundía en la oscuridad – Sin lugar a dudas, si hubiera tenido una oportunidad, es lo que habría hecho”.

Los fantasmas de sus antiguos enemigos saltaron para abalanzarse sobre él, pero sus fuerzas se desvanecieron mientras estaban en el aire y no les vio más que saltar.

“¿Es ésa tu última voluntad?” escuchó una voz.

De pronto sintió un pálpito que recorrió todo su cuerpo. Varias lenguas de fuego aparecieron alrededor de su cuerpo, se juntaron y le envolvieron en una cúpula de llamas. Los fantasmas de Miss Jewel y Reik, que iban en primer lugar, se consumieron al entrar en contacto con la cúpula. Después, se liberó una deflagración, una nube de fuego en todas direcciones que acabó con todos los demás. Luego, el fuego se desvaneció, y apareció el cuerpo del caballero, todavía tendido en el suelo, pero con una luz tenue a su alrededor.

“¿Qué ha pasado? – susurró mientras abría los ojos – ¿Qué ha dicho esa voz?”.

No tardó en notar que había recuperado la sensibilidad de su cuerpo. Poco a poco, se levantó y se observó a sí mismo. Ya no tenía frío, ni estaba cansado. Es más, aquella cálida luz que le rodeaba le hacía sentir un poder inconmensurable.

“Es posible… ¿Es posible que…?”

“Sí, lo es” La pequeña llama blanca volvió a aparecer ante él.

“Pero, ¿cómo?”

“Has encendido la Llama de la Última Voluntad. Cuando estabas a punto de morir, has deseado poder cumplir tu último deseo, y se te han devuelto tus poderes para poder satisfacer esa necesidad”.

“Increíble, pero… ¿Significa eso que cuando cumpla mi Última Voluntad mis poderes desaparecerán de nuevo?”

“No, pero si lo harán si pierdes el deseo de cumplirla”.

“¿Qué hubiera ocurrido si no hubiese pedido cumplir nada en el momento antes de morir?”

“¿No es lógico? Habrías muerto”.

“Uf… Pues menos mal… Ahora que he recuperado mis poderes. Quiero cambiar algo antes de irme”.

Alzó los dos brazos y apuntó al cielo con sus manos. Concentró sus fuerzas y lanzó una potente onda de energía en dirección al firmamento. Al llegar a las nubes, las evaporó en un instante, eliminando con ellas la lluvia y los rayos, y dejando paso al cielo y a la luz, que rápidamente acabaron con el hielo de la superficie y permitieron que se pudiera pisar tierra firme. La luz entró desde el agujero de las nubes y se concentró en el caballero, hasta que, pocos segundos después, el resto de nubarrones fueron desapareciendo también, devolviendo la vida a aquel inhóspito lugar.

“Muchas gracias. Te debo la vida, primer caballero del fuego – le mostró Arturo sus respetos – Antes creía que si recuperaba mis poderes perdería todo lo que era importante para mí, pero ahora sé que puedo utilizarlos para cambiar las cosas”.

“Yo no he hecho nada. Has sido tú quien ha logrado conocerse a sí mismo y despertar la Llama de la Última Voluntad. No tienes nada que agradecerme – contestó el espíritu – Y ahora vete, creo que tienes algo importante que hacer, ¿me equivoco?”

Arturo no contestó. Simplemente volvió agradecido y levitó lentamente hacia el cielo hasta perder de vista al ser que le había servido de guía en su interior.

Fidel continuaba al borde del cráter, observado embobado la lava que había en el interior del volcán. Sin que lo esperase, todo comenzó a temblar. Observó que la lava estaba más agitada y que empezaba a ascender rápidamente. Además, el terremoto también estaba sacudiendo la tierra sobre la que pisaba. A su alrededor aparecieron varias grietas en el suelo. Gran parte de las rocas que formaban el suelo en lo alto del volcán, sobretodo en el cráter, quebraban y se precipitaban al abismo de fuego. Concretamente, al suelo a su alrededor le pasó lo mismo, y cuando se quiso dar cuenta estaba cayendo directo hacia la lava.

“¡¿Pero qué pasa aquí tan de repente?! – exclamaba sorprendido – ¡Me caigo!”

Estaba tan impactado que se olvidó de que sabía volar, pero por suerte la lava que subía cada vez más rápido le refrescó la memoria y salió de allí tan rápido como pudo, pero no se fue muy lejos, es más, se quedó lo más cerca que pudo. Algo en su interior le decía que debía quedarse por allí.

La lava continuó subiendo cada vez con más fuerza hasta que finalmente salió a la superficie con tanto impulso que el chorro se elevó bastante distancia del suelo antes de empezar a caer.

La sacudida generalizada que sufría la isla no tardó en hacerse notar. En una ladera apartada y tranquila, Shawn Stevenson y Jonyo estaban tumbados, tomando el sol plácidamente. Shawn descansaba boca arriba, reposando la cabeza sobre sus propios brazos, cruzados detrás de la cabeza, mientras que Jonyo no dejaba de moverse o cambiar de postura. Tenía los ojos cerrados, pero no dejaba de fruncir el ceño o hacer muecas constantemente, se notaba que algo le molestaba, pero tenía que aguantarse.

“Shawn” al final no pudo aguantar más y llamó a su entrenador.

“¿Qué pasa, Jonyo?”

“Llevamos así toda la mañana, ¿cuándo vamos a empezar el entrenamiento?”

“Ya hemos empezado”.

“¿Ein?” El caballero del rayo no entendía nada.

“Entrenamos para dejar de entrenar tu cuerpo”.

“¡¿Pero qué dices?! – Exclamó ya algo sobresaltado y levantó la parte superior del cuerpo hasta quedarse sentado – ¡Así no podré hacerme más fuerte!”

“Normalmente no, pero en tu caso, que ya eres bastante fuerte, lo que necesitas es algo diferente”.

“Sigo sin entender nada…”

“Desde lo de Blackron no puedes simplemente quedarte tranquilo y confiar, ¿verdad? Necesitas entenderlo todo para poder estar alerta en todo momento y prever cualquier cosa que pueda pasar, tanto en batalla como fuera de ella, ¿verdad? Tú eres así y por eso tus habilidades son así”.

“Se está refiriendo a mi habilidad para seguir los movimientos de mi adversario a través de los impulsos eléctricos que comunican su cuerpo, pero yo no le conozco, nunca le he hablado de que tenga esa habilidad. ¿Se lo habrá contado Fidel? ¿O tal vez lo ha visto a través de esa bola de cristal de la que hablaban?”

“Como parece que necesitas saberlo, te lo diré, pero antes te haré una pregunta. Desde que te enteraste de que Blackron seguía vivo, has entrenado mucho, ¿no?”

“Un poco”.

“¿Un poco? Por lo que he oído, desde entonces no has hecho otra cosa. Te quedaste en el barco entrenando cuando tus compañeros bajaron a la ciudad, cuando tú en esas ocasiones vas a por provisiones de palmeras de chocolate. Incluso te volviste una persona seria durante un tiempo, cuando lo normal es que sueles reírte por cualquier cosa”.

“He dicho un poco porque a pesar de todo aún no es suficiente”.

“Eso te iba a preguntar ahora, ¿has notado algún resultado después de tanto entrenamiento?”

“No, pero es sólo porque no entreno lo suficiente. Para eso he venido aquí, no para perder el tiempo tirado en el suelo”.

“Error”.

“¿Qué?”

“Que ese es el error que has cometido. Te has excedido en tu entrenamiento. Al entrenar por encima de tus posibilidades, cansabas tu cuerpo más rápido de lo que podía recuperarse, por lo que no sólo no has notado mejoría sino que incluso has podido debilitarte. El descanso es tan importante como el propio entrenamiento, y eso es algo que antes llevabas a rajatabla, con tu modo de vida de palmeras de chocolate, dormir hasta tarde y reírte por cualquier cosa descansabas cuerpo y mente, pero ahora has roto ese equilibrio y por eso estamos aquí”.

Jonyo se quedó pensando durante unos segundos, y llegó a la conclusión de que no sólo lo que había dicho tenía algo de sentido, sino que además cuadraba con lo que había estado haciendo últimamente.

“¡Venga! ¿Qué haces así todavía? ¡Túmbate otra vez y descansa o esto no servirá de nada?”

“Ehh… ¡Sí! ¡Voy!” exclamó aún algo sorprendido y se tumbó de nuevo.

Se tumbó de nuevo, cerró los ojos y se concentró en descansar, pero no pudo hacerlo. La sacudida de la isla alcanzó la zona en la que se encontraban y, sorprendidos, se pusieron de pie enseguida.

“¡¿Qué es esto?! La tierra tiembla… – dijo Jonyo – ¿Un terremoto?”

“Parece que no – Shawn se imaginaba lo que ocurría – Mira eso” señaló al volcán.

El caballero del rayo siguió la dirección de dedo y descubrió la enorme erupción del volcán a lo lejos. Inmediatamente después le llegó una segunda sensación.

“Esto es… Siento… ¡Siento la energía de Arturo! – Exclamó – ¡Está allí! ¡Viene de ese volcán!”

Tras superar la sorpresa, salió volando a toda velocidad, ignorando completamente tanto el entrenamiento como al entrenador.

“¡¡Espera!! – Le gritó inútilmente – Se ha ido… Pero, ¿cómo ha podido sobrevivir al volcán? Será mejor que me acerqué yo también…”

En otra parte de la isla, la playa estaba repleta de cristales de energía dispersos en la arena y la mar salada. En medio de todos ellos se encontraban Peter, agachado, con el cuerpo apoyado sobre una rodilla, agotado, jadeante, sediento, pero con ganas de continuar.

“¡Vamos! – le gritaba Reik, que se mantenía sentado sobre una gran roca, fumando tranquilamente – ¿Cuánto tiempo más piensas descansar? ¡Levanta de una vez!”

“Haaaa, haaaa – trataba de recuperar el aliento mientras se ponía en pie – Sí, ya estoy, ya estoy”.

“¿De verdad quieres seguir por este camino? Mira a tu alrededor. Ni una sola de tus barreras ha conseguido bloquear mis ataques. Como esto siga así no vamos a poder dar un paso sin cortarnos con uno de esos fragmentos de barrera”.

“Los cristales de energía se desvanecerán en unos minutos. No nos impedirán continuar. Ahora vamos, – extendió las manos hacia delante y creó una pequeña pantalla de energía delante de él – ¡Ataca de nuevo!”

Reik creó una simple bola de hielo, la lanzó y atravesó la pantalla, rompiéndola en pedazos y golpeando a Peter en el estómago, que cayó en la arena dolorido. Los fragmentos de barrera de anteriores intentos empezaban a desintegrarse por los bordes, devolviendo el paisaje a su forma original.

“Esto es una pérdida de tiempo. Cuando se te ocurra alguna manera de conseguir que funcione me avisas, pero hasta entonces me voy a entrenar. Es una opción mucho mejor que destrozarte poco a poco”.

“¡No! ¡Espera! – Se levantó de un salto, a pesar de que le seguía doliendo mucho – ¿No fuiste tú el que se ofreció a ayudarme?”

“Sí, pero estamos haciendo las cosas a tu manera, y no avanzamos. No te digo que no quiera seguir ayudándote, sólo que me avises cuando encuentres una manera de avanzar”.

“¡No! – Repitió – ¡Todavía es pronto para descansar! ¡Déjame seguir un poco más!”

Reik se le quedó mirando, deliberando sobre la petición, pero antes de que le diera una respuesta, el terremoto sacudió la zona, seguido de la flagrante erupción.

“¡¿Qué es eso?!” exclamó Peter.

“¿No lo ves? Un volcán en erupción”.

“Eso ya lo sé, pero, ¿no te resulta extraño una erupción tan fuerte y tan repentina?”

“Para nada – le contestó, pero en realidad estaba pensando – Siento fluir la energía de Arturo del interior de ese volcán, parece que lo ha conseguido”.

Tras pensar durante unos segundos, agarró a Peter de la ropa y salió volando arrastrándole por el aire, en dirección al volcán.

“¡¿Qué haces ahora?!” gritó Peter al verse volando sin razón alguna.

“He pensado que tienes razón, es una erupción un tanto extraña – mintió – y sería buena idea ir a echar un vistazo. Además, te vendrá bien para desconectar del entrenamiento y buscar la forma de no hacerme perder el tiempo”.
“¿Pero por qué me agarras? ¡Si yo sé volar!”

“Con tu velocidad tardaríamos más que andando. No te quejes, si llegamos enseguida” le dijo y aumentó la velocidad.

Por último, Gabriel estaba en lo alto de un acantilado, observando las aguas salvajes al fondo del abismo.

“Si lo ha matado, ha podido tirar su cuerpo al mar...”

No tardó en llegarle el temblor, y al instante vio la columna de lava del volcán reflejada en el mar.

“E... Esa energía – dijo a la vez que se giraba – Es de...”

No llegó a terminar la frase. Directamente salió volando hacia allí a toda velocidad sin decir nada más.

En la cima del volcán, Fidel empezaba a sentirse amenazado por la lava, que caía sin parar. Al ir desapareciendo la superficie que podía pisar, iba retrocediendo poco a poco, hasta que no tuvo más remedio que salir volando para no ser tragados por aquella marea roja. Ya en el aire, se fijó en el chorro de lava principal. Se alzaba cuanto podía como si tratara de alcanzar el cielo, y al tener la anchura del cráter, podía verse desde toda la isla. Fidel divisó una sombra en el interior del chorro, al principio sin forma, pero luego fue asemejándose a una figura humana. Trató de acercarse un poco, pero el calor era demasiado intenso. Empezaron a salir rayos de luz cegadores de la zona donde estaba la sombra, que obligaron al caballero de la tierra a cubrirse los ojos. Muchos rayos de luz pasaron a su lado, y extendió la mano para tocarlos, pero simplemente eran eso, luz, y no le hicieron daño alguno. Finalmente, todos aquellos rayos de luz regresaron a su lugar de origen con la misma rapidez, como si estuvieran siendo absorbidos, y al concentrarse, formaron una bola de luz alrededor de la sombra, que culminó con un fuerte destello contra el que Fidel no pudo hacer otra cosa que mirar hacia otro lado.

Al volver la vista hacia delante, Fidel descubrió que no sólo había cesado la luz, también había terminado la erupción. Toda la lava se encontraba ahora de nuevo en el fondo del cráter, divisándola a duras penas a simple vista desde la superficie. Fidel miró rápidamente hacia donde había visto la sombra y allí encontró a su compañero Arturo, completamente ileso, levitando y sonriendo.

“Arturo... ¿eres tú? Entonces, ¿no habías muerto? – le decía – Y... Además estás volando. No querrá decir eso que...”

“Fidel, ya estoy bien. No te preocupes. Y ha sido todo gracias a ti. Ahora soy yo el que debe preocuparse por ti”.

“Esto... No entiendo nada de lo que me estás contando, pero vale, lo que tú digas” le siguió la corriente.

“Simplemente quiero hablar contigo de algo, ahora que tengo la oportunidad de arreglarlo”.

“¿Oportunidad? ¿Arreglarlo?” el caballero de la tierra no entendía nada de lo que estaba pasando.

Quería seguir preguntando, pero la llegada de Jonyo, Reik, Peter y Gabriel le hizo imposible su intento.

“¡¡Arturo!!” exclamaron todos a la vez al verle.

“¡Entonces no estabas muerto!” exclamó Gabriel.

“Pues claro, ese tipo os ha engañado – dijo Reik – Si me hicierais caso de vez en cuando…”

“¿Me sueltas ya?” le preguntó Peter a Reik, ahora que habían llegado.

“¿Ya te has recuperado?” preguntó Jonyo.

“¿Por qué no lo compruebas tú mismo?” le propuso el caballero del fuego y desapareció de repente.

“Je, a mí no me vas a pillar con algo así”.

Se dio la vuelta. Arturo estaba detrás de él preparando un puñetazo. Jonyo lo bloqueó, pero su compañero siguió intentándolo, ahora con una patada a las costillas. El caballero del rayo agarró su pierna, le lanzó hacia abajo, y acto seguido le lanzó una onda de energía. Arturo recuperó el equilibrio en medio del aire y desvió la onda de un manotazo, que sin querer, iba directa a otra persona que acababa de llegar.

“¿Dejáis ya de jugar?” dijo esa persona a la vez que destruía lo que quedaba de la onda con sus propias manos tras haberla detenido.

“Shawn Stevenson – le reconoció Arturo – La persona que me tiró al pozo de lava. ¿De verdad quería matarme? ¿O sabía perfectamente lo que iba a ocurrir? No soy capaz de adivinarlo…”

“Ahora que has recuperado tus poderes – le dijo Shawn – ¡es el momento de tu verdadero entrenamiento!”


Curiosidades!!!




El entrenamiento de Jonyo es el mismo que el que Colonello utiliza para entrenar a Ryohei en Katekyo Hitman Reborn.




Y por fin, la Llama de la Última Voluntad, también de Katekyo Hitman Reborn, funciona de la misma manera, solo que para despertarla te tienen que pegar un tiro con una Bala de la Última Voluntad, y al igual que pasa con Arturo, sino te arrepientes no haber hecho algo, mueres. Al despertarla se representa con una llama en la frente.