miércoles, 18 de noviembre de 2015

Episodio CLXIII

Bienvenidos al penúltimo capítulo de Los Caballeros. Como ya anuncié en su momento, el último capítulo estará reservado sólo a aquellas personas que hayan leído la historia completa en el momento de su lanzamiento. Para tener acceso a él, basta con dejar un comentario en este capítulo, si comentas habitualmente, simplemente del capítulo, y si no, que demuestre que has leído la historia completa. Muchas personas comenzaron a leer y nada más salir su personaje dejaron de hacerlo (sí, al empezar a salir, no al dejar de salir, yo tampoco lo entiendo). Tal vez en algún momento de su vida cambien de opinión, pero ya será demasiado tarde. Cuando anuncié la medida avisé a todas esas personas, y a pesar de recibir respuestas positivas, nadie ha reaccionado realmente.

Como despedida, me gustaría regalar una copia física del episodio final haciendo otra fiesta como la de 2012, pero tendría que coincidir que el capítulo esté escrito con que mis padres se vayan a México otra vez y es algo que no depende íntegramente de mí así que doy a elegir entre leerlo digital cuando esté o esperar a la copia física en la fiesta. Si al final no se puede, se comunicaría. En caso de versión digital, el blog se volvería privado y requeriría una dirección de correo electrónico para permitir el acceso. También tened en cuenta que el capítulo más largo hasta ahora fue de 35 páginas y que el episodio final lo superará, para que vuestros ojos se preparen para leerlo online xD

Poco más. Os invito a compartir experiencias en los comentarios. Si elegís la versión física, puede que sea la última vez que lo hagáis, así que si tenéis algo que decir, es el momento. Qué esperais del último capítulo, que queréis saber, que creéis saber, quien estará, quien no, quien falta, quien es...? Etc.. :p

Nada más, ahí os dejo con el penúltimo episodio de Los Caballero, Algo más de 15 páginas para abrir boca hacia Ese Gran Final...

Episodio 

CLXXXIII

L
a polvareda resultante del asalto de los caballeros no tardó en disiparse. Finalmente, frente a sus ojos, contemplaban a su último enemigo, con una sensación mezcla de odio y curiosidad. Sin duda, la figura que apareció ante ellos no se parecía a nada que hubieran podido imaginar. Su enemigo final, el Señor Oscuro, era un hombre de avanzada edad, que aunque no llegaba a ser anciano, no le faltaba mucho para serlo. Estaba obeso, no sólo por la enorme barriga que se ocultaba bajo su camisa de cuadros y sus pantalones de pana, sino también por las líneas de expresión de su rostro. Tenía bolsas en los párpados, que hacían parecer sus ojos diminutos. También, las mejillas caídas, que marcaban su pequeña boca, se movían cuando sonreía o hablaba, acentuando su edad. Un afeitado desaliñado en el que el vello se veía como si fueran diminutos puntos negros, la cabeza de pelo pobre, y un fuerte olor corporal, terminaban de rematar una imagen que ninguno de los caballeros esperaba haberse encontrado jamás.

“De verdad… Este es… ¿nuestro enemigo final?” pensaba Gabriel en voz alta.

“Desde luego, no responde a lo que se me estaba pasando por la cabeza…” añadió Jonyo.

“Lo siento, caballeros – dijo el hombre, al mismo tiempo que se levantaba del pequeño trono sobre el que descansaba su oronda figura – pero como vosotros mismos habréis podido deducir, llegáis tarde. Habéis dejado que Mesa jugara con vosotros demasiado tiempo, y ahora, él mismo ha decidido que todo acabase con su vida. Ahora mismo, ya no importa si combatimos o no, si ganáis o perdéis, si vivís o morís… Porque ya no hay futuro para ninguno de nosotros”.

“¡Esto todavía no ha terminado! – Exclamó Arturo – ¡El planeta todavía no ha sido destruido! ¡Mientras sigamos vivos, siempre quedará alguna posibilidad! ¡No vamos a rendirnos hasta el final! ¡Así que dinos la verdad de una vez y terminemos con esto lo antes posible!”

“¿La verdad? ¿Qué verdad?”

“¡No te hagas el tonto! ¡Cuéntanos de qué va todo esto! ¡¿Quién eres y por qué te has tomado tantas molestias en perseguirnos durante todo este tiempo!? ¡¿Cuál es tu objetivo y cómo sabías que nosotros íbamos a despertar los poderes elementales?!”

“¿Qué esperas que te conteste? ¿Qué sois especiales? ¿Qué habéis sido elegidos por el destino? Siento decepcionarte, caballero, pero no tengo una respuesta que satisfaga tu curiosidad. Era Mesa el que tenía toda esa información, y nunca le pregunté de donde la había sacado, por lo tanto ni lo sé, ni me ha importado nunca. De todas formas, tampoco creo que haya ningún motivo especial. Las fuerzas elementales eligen a sus representantes cada generación, y van dejando señales acerca de sus preferencias. Igual que habéis sido vosotros podría haber sido cualquiera. No debéis sentiros especiales.

Acerca de mis motivaciones, son puramente laborales, como las de otros muchos enemigos a los que habéis derrotado. Por nuestras habilidades o conocimientos, estamos más capacitados para este empleo que para otro, pero ahora, Mesa ha ido demasiado lejos, destruyendo todo aquello que tanto nos había costado construir. Nos encontramos en la misma situación. Han jugado con vosotros tanto como conmigo, y por ello, no tengo ninguna intención de luchar contra vosotros. Ya no es sólo que esté en contra de la violencia, sino que además, no se conseguiría nada con esa lucha. Os recomiendo que os marchéis por donde habéis venido, y que vayáis a encontrar la muerte al lugar que sea más de vuestro agrado. Ya no tenéis nada que hacer aquí. Ambos bandos han perdido”.

“¿Cómo dices? – ninguno se terminaba de creer lo que escuchando, así que Reik estaba seguro de que hablaba por todos cuando hizo la siguiente pregunta – ¿Qué estás en contra de la violencia?”

“Exacto – continuó Jonyo – ¿Tú te crees que somos gilipollas? La cabeza de toda la organización, el Señor Oscuro, ¿en contra de la violencia? ¿Acaso piensas que hemos nacido ayer? ¡Vete a timar a tu puta madre!”

“Creer o no creer ya es decisión de cada uno. Al igual que una mentira no se convierte en verdad por repetirla muchas veces, una verdad no se convierte en mentira por negarla con empeño”.

“Entonces, ¿no hay nada más? – Arturo era el que se veía más decepcionado – ¿Todo ha sido ideado por y para Mesa? ¿Para satisfacer sus deseos? Nosotros, nuestras vidas, nuestro futuro, ¿no ha importado nunca?”

“Eso es”.

“¡Me niego a créelo! ¡¿Qué hay de esas extrañas palabras que dijo Mesa antes de morir?! ¡¿Por qué se conocían Mesa y Mario cuando el sacerdote llevaba toda su vida en la isla prisión?! ¡¿Cuáles son esas señales que dejan las fuerzas elementales, para que ni Fidel, ni Isabel, ni Verónica ni yo, llegáramos a conocer a nuestros padres?! ¡¿Acaso salen con tanta antelación que incluso ya lo sabéis antes de que nazcan los siguientes portadores?! ¡Más te vale que digas la verdad rápido o tendremos que sacártela por la fuerza!”

“Tu insistencia no cambiará la realidad. ¡Acepta tu destino y muere!”

Viendo que la conversación había llegado a un punto muerto, Jonyo se lanzó directo hacia el Señor Oscuro, desenvainando su espada de camino a su objetivo.

“¡Espera Jonyo! – le gritó su compañero – ¡Todavía no hemos terminado de interrogarle!”

“¡Tranquilo! ¡Será más fácil hacerle hablar cuando esté moribundo! ¡Intentaré no matarle!”

A pesar de sus palabras, el caballero sabía que no podía arriesgarse a atacar más suavemente sólo para no intentar acabar con su adversario. Era el último enemigo, y estaba convencido de que ya iba a ser bastante complicado acabar con él yendo a por todas, como para encima andarse con tonterías. Decidido, agarró su espada con las dos manos, apuntó al frente, y se lanzó directo al cuerpo del Señor Oscuro.

Para sorpresa de todos, el Señor Oscuro no hizo ningún movimiento para evitar el ataque del caballero, y su espada se clavó sin piedad en la tripa de aquel hombre, que parecía haberse negado a combatir. Todos los caballeros se quedaron sorprendidos por la ausencia de reacción del Señor Oscuro, en especial, Jonyo, que tras hundir su hoja en la carne de un enemigo, por primera vez no sabía qué hacer a continuación.

“Acaso es que… ¿te rindes?” le dijo Jonyo, levantando la vista suavemente.

“Ya os he dicho que estoy en contra de la violencia”

Aquellas palabras confundieron todavía más al caballero, que no se fiaba de la situación. Rápidamente, extrajo su espada, llena de sangre, y se retiró unos metros, volviendo con sus compañeros. En cambio, el Señor Oscuro, visiblemente herido de gravedad, dio un paso al frente como si no pasara nada.

“¿Cómo puede seguir en pie después de un ataque así?” se preguntaba Reik.

“¡Mirad! – Exclamó Gabriel – ¡Está pasando algo con su herida!”

Todos prestaron la máxima atención. Al cabo de unos instantes, pudieron ver un extraño fluido gelatinoso de color rosa, que surgía del interior de la herida, hasta cubrirla completamente, cuando comenzó a presentar un borboteo burbujeante, como si estuviera hirviendo. Finalmente, el burbujeo cesó, y el fluido gelatinoso terminó desprendiéndose de la piel por su propio peso, para deshacerse completamente al llegar al suelo. La sorpresa de todos fue mayúscula, al descubrir que la herida causada por Jonyo se había curado milagrosamente en cuestión de segundos.

“Pero… ¡¿qué?!” exclamó Arturo. Los caballeros estaban tan atónitos que no podían articular palabras adecuadamente.

“Ese maldito cabrón es inmortal…” comentó Reik.

“¡¿Inmortal!? Eso es imposible – argumentaba Gabriel – Va contra las leyes de la naturaleza”.

“Por suerte o por desgracia, no soy inmortal – el propio Señor Oscuro aclaró las dudas de los caballeros – Como habéis visto, puedo regenerar mis heridas al instante, pero eso dista mucho de la inmortalidad. Aunque no se me pueda matar, sí que puedo morir, pero sólo por causas naturales. Mi cuerpo se cansa y envejece como el vuestro. Mis sentidos se atrofian como los vuestros. Si no como, podría morir de hambre, si no hay aire, moriría asfixiado, o incluso si no durmiese un número suficiente de días consecutivos, también podría morir de agotamiento. Y como no, como cualquier mortal, el paso del tiempo hará que un día llegue mi momento, pero por lo menos, estoy libre de las amenazas externas. Es por esta habilidad, que me impide morir en combate, por lo que soy la cabeza de esta organización. Con una persona así al frente, es imposible cualquier tipo de sublevación, derrocamiento, o atentado contra mi persona, y por tanto contra la propia persistencia de la organización”.

“¡¿Me estás vacilando?!” Jonyo todavía no podía creérselo.

“Si lo que está diciendo es cierto, ¿cómo podríamos vencer a un adversario así? – Gabriel trataba de encontrar una respuesta – La única forma sería ahogándole, pero ya no tenemos a un caballero que controle el agua a voluntad… ¿Qué podemos hacer?”

“Ahí está el detalle. No podéis hacer nada. Hace un momento os ofrecí un final pacífico. Cuando el planeta deje de existir, yo también moriré, y por eso me parecía más adecuado intentar aprovechar todos el poco tiempo que nos queda. Sin embargo, a pesar de manifestaros abiertamente que estoy en contra de la violencia, vuestra perseverancia en elegir solucionar las cosas con un derramamiento de sangre se ha vuelto contra vosotros, y ahora pasaréis vuestros últimos instantes atrapados en una batalla sin final que sólo acabará con la muerte de todos nosotros. Vista vuestra actitud coactiva, tratando de obtener unas respuestas que no existen, habéis cavado vuestra propia tumba, por lo que el desenlace que se presenta será un castigo idóneo para vosotros. Espero y deseo fervientemente, que en el instante de vuestro último aliento, la desesperación se apodere de vosotros y os arrepintáis de haber elegido el camino de la violencia para resolverlo todo, sufriendo para el resto de la eternidad. Y ahora, ¡que dé comienzo el combate final!”

En otras circunstancias, las palabras del Señor Oscuro habrían hecho mella en la autoestima de los caballeros, complicando en gran medida sus esperanzas de alcanzar la victoria. Pero esta vez era diferente. A pesar de que se encontraban frente a su mayor reto, frente a una situación crítica y además a contrarreloj, la experiencia que habían acumulado durante todos sus viajes, les ayudó a no dejarse influir, a creer en que había una manera. Sin contestar nada, Gabriel, Jonyo y Reik, desenfundaron sus espadas y se colocaron en posición de combate.

“Arturo, vamos a tener que pedirte que te mantengas al margen – le dijo Jonyo – No es por faltarte al respeto, pero gracias a nuestras armas ahora estás a un nivel completamente diferente de nosotros”.

“Además, acabas de combatir contra Mesa. Seguro que estás cansado – Gabriel apoyó la decisión de su compañero – Aprovecha para descansar un poco en lo que nosotros nos encargamos de él”.

“No le mientas – añadió Reik – Acabaremos antes de que le dé tiempo a descansar”.

“Está bien – Arturo era consciente de su situación – Me quedaré al margen, y si descubro algo viendo el combate, os lo diré por si os puede ser de ayuda”.

“Finalmente, ¿habéis decidido morir combatiendo?”

“No te equivoques, ¡no vamos a morir!” exclamó Gabriel con energía.

“¡Encontraremos la manera de acabar contigo!” afirmó Reik.

“¿De verdad te pensabas que ibas a poder asustarnos con esas historias? Nos hemos encontrados en este tipo de situaciones muchas veces, y siempre hemos salido adelante. Blackron daba más miedo que tú y nunca pensé que no podía ganarle dándolo todo. Poco importa si eres inmortal o no. Si se te curan las heridas tendremos que atacarte más rápido de lo que puedas curarte o desintegrarte por completo, pero siempre habrá una manera, y eso es lo único que tenemos claro. Así que, ¡prepárate!”.

“¡Vamos! ¡Enseñádmelo! – Pensaba Arturo – Enseñadme vuestro nuevo poder… ¡Haced que me muera de envidia!”

“¡¡Fluye!! ¡¡Tiempo!!”

“¡¡Crea!! ¡¡Materia!!”

“¡¡Vive!! ¡¡Naturaleza!!”

Los tres caballeros alzaron sus armas al cielo tras invocar sus nuevos poderes. Las espadas se iluminaron intensamente, dando paso a la Lanza del Tiempo, la Maza de la Materia, y al Espíritu de la Naturaleza. El caballero del fuego quedó encandilado con la belleza de las nuevas armas de sus compañeros, sobre todo de la de Gabriel, que tenía forma de mujer. A la vez, se preguntaba cómo sería el Hacha del Espacio que mencionó Mesa, que perteneció a Fidel, y que nadie más pudo ver. Aunque ahora él llevaba la espada de su compañero, nunca tendría la posibilidad de desencadenar su auténtico potencial al no ser su portador original.

“¡Venid! – Les provocaba su adversario – ¡Acabemos de una vez con esta historia!”

Los tres caballeros se lanzaron de frente contra el Señor Oscuro, con sus armas como baza principal. Reik atacó en primer lugar, intentando hacer impactar su maza en la cabeza de su objetivo. Esta vez, el Señor Oscuro sí opuso resistencia, bloqueando el ataque con el antebrazo. A pesar del bloqueo, los pinchos que rodeaban la maza se clavaron por el antebrazo, llegando a herirle. Acto seguido, aprovechando que ya no podía cubrirse debidamente, Jonyo le propinó una fuerte patada en el estómago, empujando con su pierna el cuerpo del Señor Oscuro hasta estrellarse contra la pared del castillo, y una vez allí, le hundió su lanza de nuevo en la barriga hasta atravesarle por completo, clavando la punta de la lanza que salió por la espalda en la pared de piedra, anclándole para que no podía escapar. Por detrás, Gabriel se acercaba corriendo. El Espíritu de la Naturaleza se descompuso en un montón de pequeñas partículas de luz rosa, que fueron introduciéndose en el brazo del caballero poco a poco, hasta que quedó completamente iluminado. Al alcanzar el objetivo, Gabriel blandió su propio brazo como si fuera una espada, y de un manotazo, cortó una pierna del Señor Oscuro.

Terminado el ataque, Jonyo extrajo su lanza, y el cuerpo del Señor Oscuro volvió al suelo. Al contar con una pierna de menos, ahora no fue capaz de mantenerse en pie, y cayó sobre su propio peso. El fluido rosa no tardó en aparecer en la herida de su brazo, regenerándose en cuestión de segundos.

“A pesar de que le hemos atacado los tres y que le hemos cortado una pierna… No ha…” comentaba Gabriel mientras el Espíritu de la Naturaleza salía de brazo, regresando a su forma original.

“Sí. No ha gritado ni ha mostrado signo de dolor ni una sola vez – dijo Reik – Lo que seguramente significa que…”

Antes de que terminara la frase, tuvieron la respuesta ante sus ojos. Con una simple mirada, el Señor Oscuro consiguió que la pierna cortada regresara volando hasta su lugar de origen, como si tuviese algún tipo de atracción magnética. La pierna encajó en el punto en el que había sido cortada, y en ese momento apareció el fluido gelatinoso alrededor, para sellar las juntas y unir de nuevo los dos miembros. Recuperado completamente, no tuvo más que levantarse y sonreír.

“Lo que imaginábamos… Puede unir miembros cercenados…”

“Vale, ¡pues pasemos a la siguiente fase!” exclamó Jonyo.

Reik alzó su Maza de la Materia, y la gema azul que la adornaba comenzó a brillar. Una capa de hielo comenzó a brotar del suelo, congelando las piernas del Señor Oscuro, que quedó inmovilizado. El hombre intentó romper el hielo a puñetazos, pero cuando fue golpear el líquido cristalizado, su puño se quedó pegado a él. Fue entonces cuando se dio cuenta de que un extraño humo blanco que no había visto antes brotaba del hielo en cuestión.

“Esto… Esto no es hielo normal”.

Aprovechando la confusión de su adversario, Gabriel volvió a unirse con el Espíritu de la Naturaleza, pero ahora no se limitó a su brazo, sino que le dejó entrar en todo su cuerpo. El resultado fue un Gabriel cuyos ojos se han convertido en pura luz rosa, y una poderosa aura rosa a su alrededor. En esa forma, extendió el brazo al frente y comenzó a cargar energía en la palma de su mano.

“¡El resto es cosa mía!” exclamó Jonyo.

El caballero se acercó volando al Señor Oscuro, que seguía inmovilizado, y con una mano pegada al hielo, y le propinó una patada en la barbilla, con fuerza suficiente como para que el retroceso que sufrió su cuerpo le despegara el puño del hielo, volviendo a enderezar su cuerpo. En ese momento, Gabriel disparó una potente onda de energía de color rosa contra ellos. Jonyo se apartó de la trayectoria del disparo en el último instante, y el ataque impactó de lleno contra el cuerpo del Señor Oscuro. La onda no era demasiado ancha, pero sí muy concentrada, y atravesó a su objetivo sin ninguna dificultad, originándole un amplio agujero por todo su torso.

“Haaa… Haaaaaa… – Gabriel estaba empezando a sufrir los efectos de abusar del Espíritu de la Naturaleza – ¿Habrá servido de algo?” se preguntaba mientras las partículas de luz rosa abandonaban su cuerpo.

El Señor Oscuro seguía en pie. El agujero de su torso no tardó en empezar a llenarse del fluido gelatinoso, que salía de las paredes de la carne. Aunque tardó un poco más en curarse por ser un daño mucho mayor, sólo se trató de una cuestión de tiempo.

“A pesar de no tener corazón ni pulmones… ¿Ha podido regenerarse igualmente?” comentó Reik.

“Parece que mientras pueda unir sus partes no tendrá problemas en recuperarse. Intentemos destruir una parte de su cuerpo completamente” opinó Jonyo.

“Yo haré de cebo – dijo Gabriel – Os allanaré el camino. Evitaré participar y así descansaré un poco”.

“Será mejor que no vuelvas a hacer una burrada como la de antes – le consejo Reik – No sabemos cuánto va a durar esto, y malgastar tanta energía a lo tonto puede costarnos caro”.

“Lo sé. Pero había que intentarlo…” susurró y salió hacia el Señor Oscuro.

Gabriel llegó hasta su objetivo, acompañado del Espíritu de la Naturaleza. En principio, trató de valerse por sí mismo para guardar fuerzas. Atacó combinando puñetazos y patadas por todo el cuerpo de su adversario, el cual, por debajo del pecho, recibía todos los golpes sin oponer resistencia, pero por encima de la altura de las manos, se dedicaba a bloquearlos, siempre sin llegar a contraatacar, manteniéndose fiel a sus principios.

“Eso no va llevar a ningún sitio… – pensaba Gabriel – Le haré caer en una trampa…”

Deliberadamente, dejó un espacio desprotegido mientras ejecutaba sus ataques. El Señor Oscuro se dio cuenta, y aunque no le atacó directamente, sí que extendió el brazo para intentar agarrarle y quitárselo de encima. El Espíritu de la Naturaleza se transformó en una barrera y protegió al caballero, bloqueando los esfuerzos del Señor Oscuro, quien a pesar de todo intentaba vencer la fuerza de la barrera y alcanzar a su presa. En ese momento, Jonyo apareció desde arriba, dando una voltereta en el aire, y con la fuerza de la caída, utilizó la punta de su Lanza del Tiempo para cortar el brazo del Señor Oscuro.

“¡Tuyo!” exclamó, y apartó el brazo que acababa de cortar de una patada.

Reik seguía el movimiento del brazo amputado con la mirada. Sabía que el Señor Oscuro podía hacerlo regresar en cualquier momento, así que actuó con rapidez. Extendió el brazo y proyectó una onda de energía directamente contra el brazo, destruyéndolo completamente.

“Si el brazo ya no existe, no puede volver a unirlo a su cuerpo” comentó Jonyo.

“Ilusos” fue la única palabra que salió de la boca del Señor Oscuro.

Inmediatamente, el fluido gelatinoso de color rosa comenzó a brotar por la herida de la amputación. Aunque más despacio, avanzaba hacia delante, reconstruyendo el brazo por sí mismo, sin necesidad de que la otra parte estuviese al otro lado. Poco a poco, el antebrazo, la muñeca, la mano, los dedos y las uñas fueron regenerándose a partir de la herida, hasta quedar, una vez, completamente restaurados.

“Ya hemos hecho todas las pruebas posibles – concluía Reik – Parece que la única opción que tenemos es desintegrarle completamente para que ninguna célula de su cuerpo pueda reconstruirle…”

“Vale, ¿atacamos los tres a la vez?” propuso Jonyo.

“No es necesario. Puedo hacerlo yo solo, gracias a la Maza de la Materia. El problema es que el rango de la explosión es demasiado amplio y como sólo lo he hecho una vez, todavía no soy capaz de calcularlo adecuadamente. Si lo hago aquí, seguramente os mataría a todos vosotros accidentalmente”.

“¿Y qué tal en el cielo? ¿Eso te serviría?” sugirió Gabriel.

“Si lográis subirle a suficiente altura y luego os quedáis abajo… Sí… Creo que podría servir”.

“Estupendo, pues déjanoslo a nosotros. ¡Vamos, Gabriel!”

Los dos caballeros se pusieron en marcha. Jonyo tomó la delantera. Se acercó al Señor Oscuro y, sabiendo que no iba ni a molestarse en cubrirse, comenzó a asestarle una serie de puñetazos en la barriga para debilitarle un poco, y después le lanzó hacia arriba de un derechazo en la barbilla acompañado de un salto.

Una vez estaba flotando, Gabriel entró en escena. El Espíritu de la Naturaleza tomó la forma de una serpiente, se enrolló alrededor del cuerpo del Señor Oscuro, y comenzó a ascender hacia los cielos, atravesando el techo del castillo por la fuerza.

“Vale, es mi turno. Para derrotar a Shawn utilicé 350 miligramos de materia y 350 de antimateria. La explosión resultante provocó un agujero que seguramente puede verse desde el espacio, y con una profundidad suficiente para que no se viera el fondo a simple vista. Shawn murió, que era lo importante, pero si llego a poner un poco más, podría haber alcanzado el área en la que estaba combatiendo cualquiera de los demás, y matarle también. Será mejor que esta vez lo dejemos en 300 miligramos, y aun así, tendré que tener cuidado…”

Los tres caballeros salieron por el agujero del techo, seguidos de Arturo, que tampoco quería perderse lo que estaba ocurriendo, y se posaron sobre el tejado del castillo. Desde allí, tuvieron una vista general del exterior. La destrucción se había intensificado desde que entraron por la puerta hacía no más de una hora. Una fuerte tormenta sacudía toda la zona hasta donde alcanzaba la vista, con fuertes rayos cayendo cada pocos segundos, y un frío viento que helaba los huesos. A pesar de la lluvia, muchas partes de la isla estaban en llamas. Algunas por las sacudidas de los rayos, y otras por las erupciones volcánicas. Los ríos de lava ya igualaban en número a los de agua, y los animales salvajes corrían de un lado a otro sin saber qué hacer. En el mar, las corrientes se habían descontrolado, generando olas gigantescas, torbellinos, y algún que otro tornado se veía a lo lejos.

“Viendo esto, no puedo evitar pensar que poco importa el alcance de tu explosión, Reik – le dijo Arturo al observar aquella desoladora escena – Es posible que ya no quede casi nada que salvar”.

“Tranquilo, la naturaleza es fuerte – le contestó Gabriel – para destruir, y también para crear y renacer. Mientras quede algo de vida ahí abajo, todo se arreglará. Lo mismo pasa con los seres humanos”.

“Fue idea tuya que dejáramos el mundo a un lado. Todos sabíamos lo que implicaba y todos estuvimos de acuerdo – le recordó Jonyo – Así que no flojees ahora, o todo esto no habrá servido para nada”.

“Sí, es cierto – pensó el caballero para sus adentros – Pero al final no hemos encontrado ninguna respuesta…”

“¡Bien! ¡Ya está suficientemente alto! – Exclamó Reik – ¡Puedes decir al Espíritu de la Naturaleza que vuelva! ¡Yo me encargaré del resto! ¡En cuanto salga, volved al interior del castillo y tiraos al suelo!”

“¡¡De acuerdo!!” contestaron todos.

El caballero extendió los dos brazos, uno a cada lado, y cerró los puños con fuerza, sumando una alta concentración. Al cabo de unos segundos, los abrió suavemente, y una pequeña gota apareció sobre la palma de cada una de sus manos. Miró atentamente cada una de las gotas que había producido, y tras unos instantes, asintió con la cabeza y salió volando hacia el cielo a toda velocidad.

En todo lo alto, por encima de las nubes, donde todavía brilla el Sol, el cuerpo del Señor Oscuro continuaba ascendiendo. Pese a todo, el hombre no mostraba la más mínima inquietud, prevaleciendo la calma y la confianza que no había perdido en ningún otro momento. Al cabo de un rato, el Espíritu de la Naturaleza se separó de su cuerpo, volviendo a la superficie, por lo que él comenzó a caer. Enseguida, Reik apareció en escena tras atravesar las nubes, volando directo hacia él.

“Tal vez sea mejor que no me acerque más… Cuanto más tarde en llegar, más descenderá, y más posibilidades habrá de que los efectos de la explosión lleguen a la superficie… Está bien, ¡vamos allá! ¡Bomba de Antimateria!”

El caballero lanzó las dos gotas hacia delante, pero no en paralelo, sino ambas hacia el mismo punto, para que se cruzaran más adelante. Acto seguido, se dio la vuelta y comenzó a descender a toda velocidad. Unos segundos después, un fuerte destello, lo iluminó todo, y la onda expansiva de su propio ataque le arrastró de nuevo hacia la superficie.

“¡Ahí viene! – exclamó Jonyo, que ya estaba en el interior del castillo, junto a los demás – ¡¡Al suelo!!”

Los tres se tiraron al suelo con las manos sobre la cabeza, y enseguida el destello también les alcanzó. Aunque la propia explosión no llegó hasta el suelo, sí que lo hizo la onda expansiva, que sacudió con fuerza toda la isla, produciendo un tremendo terremoto. La estructura del castillo se resintió, temblando todas las paredes, y precipitándose varias rocas contra el suelo. El temblor duró cerca de un minuto, y después fue desapareciendo podo a poco, al igual que el destello. Cuando cesó del todo, los caballeros volvieron a salir a salir al tejado por el agujero, y se encontraron un panorama muy distinto.

“¿Pero qué…?” dijo Jonyo al darse cuenta de lo que había ocurrido.

“Parece que vuestro poderes son bastante impresionantes” comentó Arturo.

La explosión provocada por Reik había limpiado completamente el cielo. Las nubes, la lluvia, e incluso el viento. Todo había desaparecido hasta donde les alcanzaba la vista. La tormenta ya no estaba, y con ella, las aguas se habían calmado parcialmente. Sólo quedaba un inmenso cielo azul, iluminado por un imponente Sol.

“Parece que sin querer hemos resuelto parte del problema – dijo Gabriel – Aunque las erupciones y los incendios no hayan cesado, algo hemos avanzado. Ya te dije que la naturaleza era fuerte”.

Reik no tardó en aparecer, volando desde una zona apartada de la isla, visiblemente cansado.

“¿Dónde estabas?” le preguntó Gabriel al verle llegar.

“La onda expansiva también me atrapó a mí. Como esta vez no estaba en el epicentro de la explosión, no pude librarme de sus efectos. Me arrastró hasta un bosque que hay por aquí cerca, o más bien lo que queda de él, y no he podido salir de allí hasta que se ha calmado todo”.

“Bueno, lo que importa es que todo ha sido un éxito – dijo Jonyo – Por mucho que pueda regenerarse, es imposible que pueda salir con vida de algo así. No ha podido quedar nada de él para reconstruirse. Podemos irnos”.

“Un momento – le interrumpió Arturo – ¡Ahí veo algo!”

Todos alzaron la vista al cielo despejado. Donde antes no se veía nada más que nubes negras, ahora había una clara vista del firmamento, y en mitad del cielo azul, una extraña luz verde se apreciaba en la lejanía.

“No… No puede ser…” susurraba Reik.

Según descendía, poco a poco, se fue haciendo más visible. El Señor Oscuro estaba protegido con una barrera de energía con forma de esfera, con la que había conseguido salvarse del ataque del caballero. A pesar de todo, la esfera de energía presentaba varias grietas por múltiples partes, denotando que le había costado resistir. El Señor Oscuro continuó descendiendo hasta posarse en el tejado del castillo, junto a los caballeros. En ese momento, la esfera que le envolvía estalló en varios pedazos, los cuales no tardaron en deshacerse.

“Debo darte las gracias, caballero – le dijo a Reik sonriendo – Gracias a que lanzaste tu ataque lejos de mí, en vez de acercarte y hacerlo estallar en mi posición exacta, tuve tiempo de reaccionar y protegerme con la barrera. Además, como tu ataque fue más débil que la última vez, la barrera resistió sin problemas. Pienso que con que no hubieras tomado tan sólo una de esas dos decisiones, seguramente no habría sobrevivido, pero… ¡Qué ironía! Por salvar a tus compañeros, has perdido la oportunidad de acabar conmigo”.

“Pues vaya chorrada, lo hacemos otra vez y fuera – dijo Jonyo – ¡Vamos Reik!”

“Me temo que no es tan sencillo. Ese ataque requiere de una gran cantidad de energía para elaborar las partículas de antimateria. Me temo que podré volver a repetirlo hasta dentro de un rato”.

“El problema es si el planeta aguantará ese rato – Gabriel observaba a su alrededor, sintiendo el sufrimiento de la naturaleza – No lo tengo muy claro…”

“¿Acaso es que nuestro tiempo ya pasó?” dijo Arturo.

>>“Como cualquier mortal, el paso del tiempo hará que un día llegue mi momento” aquella frase hizo que Jonyo recordara las palabras del Señor Oscuro, y se quedó un instante pensativo.

“¿Estás bien?” le preguntó Gabriel al verle con la mirada perdida.

“¡Claro! ¡Eso es! ¡El tiempo! – Exclamó de repente – ¡He tenido la solución en mis manos desde el primer momento y no me había dado cuenta hasta ahora! ¡Entretenedle! ¡Yo acabaré con él!”

Ninguno de ellos tenía claro lo que pasaba por la cabeza de su compañero, pero no tenían tiempo para explicaciones. Gabriel y Reik se lanzaron contra el Señor Oscuro, mientras que Arturo se quedó en la retaguardia, por si su adversario intentaba alcanzar a Jonyo. Los dos caballeros atacaron con una ofensiva cuerpo a cuerpo, encontrándose el mismo escenario que otras veces. El Señor Oscuro se limitaba a cubrirse y bloquear ataques que le venían de las manos para arriba, mientras se dejaba golpear del torso para abajo.

“Para estar tan gordo y viejo, es rápido – pensaba Reik mientras arremetía con una lluvia de puñetazos y patadas  – Estamos atacándole los dos a la vez, y no tiene problemas en librarse de todos nuestros golpes. Es cierto que utiliza su habilidad para desentenderse de la defensa de parte de su cuerpo, pero aun así, entre los dos deberíamos ser capaces de conseguir algo... Un momento… ¿Y si…? ¿Y si hubiera una razón…?”

Mientras tanto, Jonyo cogió su Lanza del Tiempo con las dos manos y la extendió hacia delante. La gema verde que portaba el arma, se iluminó, y giró sobre sí mismo hasta dar una vuelta completa. La estela de luz que dejaba la gema al dar la vuelta se quedó en el aire y al cerrar el círculo se formó un anillo de energía verde. Al completarse, el anillo de energía se elevó y quedó flotando unos metros por encima del caballero. Sin perder más tiempo, siguió creando nuevos anillos, que continuaron acumulándose sobre su cabeza. Cuando tuvo una docena de ellos, los mandó directos hacia el Señor Oscuro.

“¡¡Apartaos!!” le gritó a sus compañeros.

Gabriel y Reik se retiraron rápidamente, y los anillos se abrieron paso hacia su objetivo, colocándose a su alrededor, hasta formar una esfera de energía al entrelazarlos todos, tapando todos los huecos.

“¿Puedes explicarnos al menos qué estás haciendo?” le preguntó Gabriel.

“Soy capaz de hacer que el paso del tiempo sea diferente dentro de esos anillos. No puedo hacer retroceder el tiempo, pero sí ralentizarlo o acelerarlo. Él mismo dijo que podía morir de viejo, así que aceleraré el tiempo para que en un par de minutos en la realidad, pasen varios años dentro de los anillos, hasta que muera de viejo”.

Los anillos comenzaron a girar a gran velocidad, produciendo un intenso silbido, y un suave viento a su alrededor. Aceleraron más y más a cada segundo que pasaba, acercándose a la velocidad suficiente para hacer una brecha en el flujo temporal.

“Van muy rápido…” comentó Gabriel.

“No… No van tan rápido… Ya llevan veinte segundos, y ni siquiera han alcanzado la mitad de la velocidad que deberían llevar. Con Blackron, a estas alturas ya hacía rato que se habían separado los flujos temporales de dentro y fuera. Está pasando algo…”

De pronto, un chorro de sangre salió del interior de los anillos, que no sólo seguían sin aumentar su velocidad, sino que además comenzaron a frenarse poco a poco.

“¡¿Qué está pasando?!” exclamó el caballero, viendo cómo se hundía su estrategia.

Al perder suficiente velocidad, un brazo del Señor Oscuro se hizo paso a través de los anillos hacia el exterior. Y era sólo eso, un brazo. Ya no tenía mano, se trataba sólo de un muñón ensangrentado con el hueso a la vista. Unos segundos después, el otro brazo, y las dos piernas, también hicieron acto de presencia, en las mismas condiciones. Las cuatro extremidades del Señor Oscuro se habían esfumado, dejando un río de sangre brotando de lo que quedaba de cada una de ellas, acompañadas de un suave humo que salía de cada una de las heridas. Finalmente, los anillos cedieron ante él, deteniéndose por completo, para después desvanecerse.

“¡Ya entiendo! – Exclamó Jonyo con una mirada llena de ira – Recuerdo que cuando utilicé esta técnica contra Blackron, él también intentó destruir los anillos desde dentro, pero la energía cinética de los anillos rechazó su ataque. Pero como el cabrón este es inmortal y no siente dolor, ha frenado los anillos haciendo presión con sus propias manos, a pesar de que la velocidad  de giro le ha destrozado las extremidades en el proceso. Como ha frenado los anillos, no han podido alcanzar velocidad suficiente para separar el paso del tiempo, y aunque lo hubieran conseguido, los anillos son la pared que separa los dos flujos temporales, no pueden estar en contacto con nada o no cumplen su función. Normalmente, su elevada velocidad sirve para echar atrás cualquier intento, a no ser que quieras quedarte sin un miembro, claro… Pero no tuve en cuenta las habilidades de este tío antes de usarlos…”

“Vamos, que es como un niño metiendo los dedos en un ventilador…” tradujo Reik.

Tirado en el suelo, sin ninguna de las cuatro extremidades, el Señor Oscuro comenzó su regeneración. El fluido rosado salió de todas las heridas al mismo tiempo, reconstruyendo todos sus miembros destruidos por la energía cinética de los anillos en cuestión de segundos. Enseguida, pudo ponerse de nuevo en pie.

“Ni la Unión de la Naturaleza con la que derroté a Lardo…”

“Ni los Anillos de Distorsión Temporal con los que purifiqué a Blackron…”

“Ni la Bomba de Antimateria que aniquiló a Shawn…”

“¡¡No ha funcionado ninguna!!” pensaron los tres a la vez.

“Estoy seguro de que es la primera vez que vais a perder un combate sin recibir un solo golpe” se burlaba el Señor Oscuro.

“No sé vosotros, pero después de esto, a mí se me han acabado las ideas…” comentaba Jonyo con un tono desalentador.

“Lo mismo digo…” añadió Gabriel.

“A mí se me acaba de ocurrir una – dijo Reik – Ni siquiera es una idea en sí, sólo es una teoría, pero me gustaría confirmarla, ¿me ayudáis?”

 “Claro – le dijo Gabriel. Las palabras de Reik inundaron de esperanza el corazón de sus compañeros – ¿Qué tenemos que hacer?”

“Venid aquí, os contaré mi plan”.

Los tres caballeros se acercaron. Reik susurró algo al oído a los otros dos, mientras Arturo continuaba ejerciendo de línea en caso de que el Señor Oscuro quisiera interferir. Sin embargo, no fue así. El hombre continuaba impasible, con toda confianza, esperando a que la propia naturaleza se llevase su vida y la de todos.

“Ya veo… – comentaba Jonyo al descubrir las intenciones de su compañero – No lo había pensado, pero sí, es raro… Merece la pena intentarlo. ¿Cuánto tiempo crees que tenemos?”.

“Calculo que unos cinco segundos – dijo Reik – Puede que menos”.

“Muy bien, ¡yo iré delante! – Exclamó Gabriel – ¡Ven a mí! ¡Espíritu de la Naturaleza!”

La figura de luz se descompuso de nuevo en centenares de partículas, pero no ocuparon el cuerpo entero del caballero, sino únicamente sus extremidades. Los dos brazos y las dos piernas de Gabriel, que comenzaron a iluminarse, acumulando una gran cantidad de poder.

“No tengo fuerzas para hacer una Unión de la Naturaleza completa tan pronto, pero no creo que haya problema con una fusión parcial”.

El caballero se lanzó directo contra el Señor Oscuro, asestándole una patada en la barriga. Con sus extremidades reforzadas, la pierna del caballero no se limitó a hundir la tripa de su adversario. Fue mucho más allá, perforando la piel y clavándose en el interior, como si fuera una espada. Sin perder tiempo, extrajo la pierna ensangrentada, y cargó un puñetazo a la cabeza. El Señor Oscuro se cubrió rápidamente, pero el poder de Gabriel era mucho mayor, y no sólo le rompió la guardia, sino que además le cortó el brazo del choque, abriéndose paso hacia la cabeza. De un acto reflejo, el hombre esquivo el golpe moviendo la cabeza a un lado. Gabriel pasó de largo tras fallar el golpe, pero tuvo tiempo de darle una suave patada en la espalda con la puntilla, que por lo menos sirvió para derribarle. Inmediatamente, Jonyo apareció para cortarle el otro brazo con su Lanza del Tiempo, y acto seguido, le apuñaló con fuerza el costado, atravesando su cuerpo de un lado a otro, hasta que la lanza salió por el otro lado.

“¡Ahora, Reik!” exclamaron los dos al mismo tiempo.

A pesar de que estaba todavía en medio de la ofensiva, el cuerpo del Señor Oscuro comenzó a regenerarse. Sus brazos amputados comenzaron a cubrirse del fluido gelatinoso, y rápidamente comenzaron a reconstruir las extremidades. Reik apareció desde arriba, empuñando su maza, descendiendo a toda velocidad hacia su objetivo, previamente inmovilizado por su compañero.

“4… 3… 2… – contaba mientras veía formarse los antebrazos del Señor Oscuro – 1… ¡¡¡Muereeeee!!!”

Antes de que sus manos pudieran reconstruirse por completo, y gracias a estar inmovilizado por la lanza de su compañero, Reik fue capaz de golpear al Señor Oscuro con su Maza de la Materia en la cabeza. En el instante del golpe, Jonyo extrajo la lanza, para dar más libertad al ataque de su compañero. El resultado fue el cuerpo del Señor Oscuro atravesando el tejado del castillo por la fuerza del golpe, con la cabeza ensangrentada y los ojos en blanco. El cuerpo regresó al interior del castillo, ya a menor velocidad a causa del impacto contra el tejado, y terminó estrellándose contra el suelo de la sala del trono, donde había comenzado el combate.

“¡Rápido!” exclamó Gabriel, y los tres descendieron sin perder un instante, siguiendo de cerca los movimientos de su objetivo. En cambio, Arturo, a quien nadie le había explicado lo que estaba ocurriendo, decidió permanecer en el tejado, observando desde el boquete del techo.

Los tres caballeros aterrizaron rodeando el cuerpo del Señor Oscuro, que permanecía en el suelo. Cada uno empuñaba su arma apuntando hacia él, tragando saliva, y casi sin respirar, a la espera de resultados, pero conscientes de que podía ocurrir cualquier cosa.

Al cabo de unos segundos, el Señor Oscuro, parcialmente cubierto de escombros, comenzó a ponerse en pie. Con algo más de esfuerzo de lo habitual, finalmente el hombre se puso en pie, y al comprobar su aspecto, todos quedaron asombrados.

“¡¡No se ha regenerado!!” pensaron los tres.

El Señor Oscuro mostraba un lamentable aspecto, con sus extremidades a medio reconstruir, deformes y maltrechas, las patadas perforadoras de Gabriel a medio curar, llenas de fluido rosa saliendo sin control, y la herida de la cabeza, intacta, sangrando. Los pinchos de la maza de Reik se habían clavado con profundidad, llegando hasta el cerebro, y habían afectado a los sentidos del Señor Oscuro, que no podía moverse ni hablar adecuadamente.

“Parece que tenías razón…” dijo Jonyo.

“Al final da igual qué tipo de habilidad tengas, si el cerebro falla, ya no hay nada que pueda utilizarla” dijo Reik.

“Por eso se cubría de todos los golpes que iban a la cabeza, y nos dejaba golpearle en cualquier otra parte. Era plenamente consciente de su debilidad. Incluso disponía de barrera de energía para emergencias…” Gabriel también daba su opinión.

“Entonces, si desde el principio le hubiéramos cortado la cabeza, ¿habría sido suficiente?” preguntó Jonyo.

“No creo – le contestó Gabriel – Con eso se habría regenerado todo el cuerpo de cuello para abajo”.

“Más bien habría sido partírsela en dos – concluyó Reik – o destruírsela directamente, que es lo que vamos a hacer para rematarle”.

“¿Rematarle? ¿Ya?” preguntaba ahora Gabriel.

“Sí. Ya no puede utilizar bien sus sentidos, ni mucho menos su capacidad de regeneración. En otras palabras, ya no puede hacernos ningún daño. Tampoco podemos sacarle ninguna información en este estado, así que lo siento por Arturo, pero lo mejor es acabar con él cuanto antes, y dedicar el tiempo que nos queda a tratar de arreglar este desastre para no acabar muertos nosotros también”.

Los tres caballeros retornaron sus armas a su forma original, empuñando sus espadas como habían sido siempre. Y mientras se preparaban para el último ataque, intercambiaron palabras acerca del final de su aventura.

“Al final, ha sido divertido llegar hasta aquí – reflexionaba Jonyo – He conseguido arreglar las cosas con Blackron, y lo más importante, me he reído mucho”.

“He conseguido perdonarme a mí mismo – comentó Gabriel – Sinceramente, era lo que más necesitaba, y no esperaba conseguirlo nunca. Este viaje me ha salvado de mí mismo”.

“He aprendido que a veces no puedo conseguir todo estando yo solo, que es necesaria la ayuda de los demás, aunque sigue sin ser algo que me guste especialmente” terminó Reik.

“La verdad, me ha decepcionado un poco que este hombre fuera el último enemigo. Era resistente, pero en cuestión de fuerza, no tenía nada que ver con Mesa o con el Capitán Lardo” comentó Jonyo.

“No está mal que por una vez las cosas se pongan medianamente fáciles – contestó Gabriel – Ha habido veces que lo he echado de menos”.

“¡Es la hora! – Exclamó Reik – ¡Acabemos con esto!”

Los tres caballeros se lanzaron volando a ras de suelo, espada en mano, para atacar conjuntamente a la ya de por sí debilitada cabeza del Señor Oscuro, con el objetivo de acabar con su vida de forma rápida, evitando todo sufrimiento posible.


“Parece que esta marioneta ha dejado de ser de utilidad” dijo una voz.

Curiosidades!!!

Manolo fue el único profesor en todo el instituto con el que nunca aprobé ni una sola evaluación. También tiene el título honorífico de ser la única persona que me ha suspendido un examen de esos para demostrar que te has leído el libro de turno. Es por eso que tiene el honor de ser el enemigo final de esta historia (aunque no sea el más poderoso). En clase se manifestó abiertamente en contra de violencia, y dijo que si se viera envuelto en un enfrentamiento como mucho se defendería. Todos sus valores han sido plasmados en la personalidad de su personaje. Además, no era una persona que simplemente te pusiera un examen difícil y ya está. Su especialidad estaba en el día a día, desmoralizandote. Sabía perfectamente cómo éramos todos nosotros e iba colocando trampas por todos lados para que vieras que daba igual cuanto lo intentaras, que él siempre estaba un paso por delante, y luego ya salir del examen diciendo lo bien que te había salido y encontrarte un dos era el remate. Una vez incluso me leyó el pensamiento xD Es por todos estos motivos por los que su personaje parte de las habilidades de Majin Boo, además de por su parecido físico :p


martes, 1 de septiembre de 2015

Episodio CLXXXII

Bueno, al final el curro se complicó. Se suponía que iba a ser sermana y pico, pero fue mes y pico, y tuve que echarle muchas horas que no me dejaban hacer nada más. Después de ese tramo, la cosa se relajó, pero entre vacaciones y chorradas pues aquí estamos. Pero bueno, aunque esto tiene que acabar pronto, lo importante es que acabe bien, que merezca la pena haber leído hasta aquí.

Título: La verdad

Tamaño: 6'5

Episodio 

CLXXXII

L
as cenizas en las que se había convertido el cuerpo de Mesa se habían acumulado en el suelo, formado un pequeño montón. Una sacudida de aíre frío pasó por la zona en la que se encontraban los caballeros, llevándose por delante parte de la ceniza acumulada. El montón vio reducido considerablemente su tamaño, y entre los restos carbonizados del profesor, se podía apreciar algo enterrado, emitiendo una suave luz.

“¿? - Jonyo se imaginó rápidamente de qué se trataba. Anticipándose a los demás, que dudaban sobre qué hacer, se agachó a desenterrar lo que fuera que estaba bajo la ceniza – Lo que me imaginaba…”

Tras apartar la ceniza con las manos, el caballero sopló para terminar de limpiar de cenizas aquello que había rescatado. Una pequeña nube de polvo envolvió la zona, obligando a toser repetidas veces para no intoxicarse. A los pocos segundos, el polvo de ceniza se disipó, y todos pudieron contemplar las siete esferas elementales, emitiendo un suave resplandor al unísono.

“Esas son…” susurraba Gabriel mientras el brillo multicolor se reflejaba en sus ojos.

“Cuando Blackron perdió el combate, las esferas elementales salieron de su cuerpo, acabando con su vida, al igual que han hecho con la de Mesa. Por eso, al ver que había algo bajo la ceniza, supuse que se trataba de ellas”.

“Ahora habrá que decidir qué hacemos con ellas, ¿no?” sugirió Reik.

“Lo mejor sería destruirlas. Ya he visto morir a dos personas por su culpa. No quiero que uno de nosotros sea el tercero. Ya lo habéis visto, aunque las usáramos y amplificaran nuestros poderes, no ofrecen ninguna garantía de victoria. Hasta ahora creíamos que prestaban su poder a quien las absorbía, pero en realidad era al revés. Las esferas se alimentan de la energía de su poseedor, y cuando se agotan sus fuerzas, ellas mismas devoran su vida y buscan otro organismo del que alimentarse”.

“¿Quieres decir que ahora, en las esferas no está únicamente el poder de nuestros elementos, sino también el de El Caballero Negro y el de Mesa?” preguntó Arturo.

“Sí. Al menos, es lo que yo creo. Seguramente sean más poderosas que nunca, pero también más peligrosas que nunca. Con el esfuerzo y el sacrificio que ha costado llegar hasta aquí, utilizarlas sería tirar nuestras vidas a la basura, y las de las personas que han muerto por nosotros hasta ahora…”

“Aunque eso es cierto, tampoco creo que destruirlas sea la mejor idea – opinaba Gabriel – Eso es el otro extremo. ¿Qué tal si de momento las llevamos con nosotros?”

“Estoy de acuerdo. Si nos encontramos en una situación de riesgo en la que vamos a morir las usemos o no, siempre será mejor usarlas. No habría nada que perder” Reik apoyó a su compañero.

“Está bien, como queráis, pero yo no quiero ni verlas”.

“Me ofrezco para llevarlas – dijo Gabriel – Estoy acostumbrado a controlar energía ajena. Además, fui el último al que le extirparon la esfera, y me siento responsable de lo que ha pasado”.

Nadie puso objeciones. Mientras recogía las esferas, un nuevo terremoto tuvo lugar. La lava volvió a abrirse paso a través de las grietas, y un feroz chorro de magma irrumpió muy cerca de la entrada del castillo.

Los caballeros volvieron la cabeza hacia el poder de la naturaleza, que continuaba manifestando todo su potencial. Sin embargo, en esta ocasión, vieron como además de la lava, la tierra también escupió un objeto extraño, el cual no fueron capaces de identificar al momento. El objeto salió disparado por los aires, fruto de la presión a la que estaba sometida la propia lava, se perdió en las alturas, y después comenzó a caer, hasta clavarse en la tierra, delante de los caballeros.

“Eso es… ¿una espada?” comentó Jonyo.

“Espera… No es una espada cualquiera – dijo Reik al reconocerla – Esa es…”

“¡La espada de Fidel!” Exclamaron todos al darse cuenta.

Arturo corrió rápidamente a recogerla. Suavemente, la extrajo de la tierra. Estaba caliente, pero no por el calor de haber atravesado la corteza terrestre junto al magma, sino la empuñadura caliente por haber sido blandida durante una larga batalla, sin haberse soltado sin un instante de la mano que la sostenía.

“De acuerdo al relato de Mesa, podemos afirmar que la espada de Fidel se convirtió en un hacha – reflexionaba Gabriel en sus pensamientos – Sin embargo, al igual que las de todos nosotros, ha vuelto a la normalidad tras cumplir su cometido. Seguramente, sin el caballero que la empuñaba, ya nunca podrá despertar de nuevo su forma final”.

Arturo se había quedado ensimismado, contemplando la espada. Una vez más, se resentía por no haber podido impedir el fatal desenlace que tanto veía venir. No obstante, ahora que el daño era irreparable, sólo podía hacer una cosa.

“A partir de ahora – susurró mientras se guardaba la espada de su difunto amigo – Yo llevaré esta espada. ¡Seré el caballero de las dos espadas!” exclamó con decisión.

Todos quedaron sorprendidos por aquellas declaraciones, pero ya no había tiempo para hablar. Un segundo terremoto, casi seguido del anterior, volvió a sacudir toda la isla. El castillo de la Fiera Deidad comenzaba a resentirse seriamente, peligrando toda su estructura.

“¡Ya hablaremos más tarde! – Exclamó Reik – ¡Ahora tenemos que salir de aquí! ¡Hay que poner a Mario a salvo!”

El anciano sacerdote, que no se había movido del sitio, continuaba hasta en la misma postura que cuando Mesa se desvaneció sobre sus brazos. Seguramente, el sentía que todavía lo estaba sujetando, y a pesar del viento, las manchas de ceniza en sus manos no desaparecían del todo.

“¡Vamos! – le dijo Reik, a la vez que trataba de ponerle en pie – ¡Quedarse aquí es peligroso!”

“No, hijo. Yo ya no tengo a donde ir. Una vez más, no he podido salvar a mi amigo. Mi viaje termina aquí. Iros sin mí”.

“¿Una vez más?” pensó Jonyo.

“No digas tonterías – insistía el caballero – Si nos vamos estarás desprotegido ante la fuerza de la naturaleza. ¡Morirás sin remedio!”

El sacerdote se llevó la mano al cuello, agarró con fuerza el crucifijo que llevaba de colgante y se lo mostró al caballero.

“Esta es toda la protección que necesito”.

Al escuchar esas palabras, Reik supo que no había nada que hacer. La fe religiosa escapaba a cualquier razonamiento lógico, por tanto, daba igual lo convincentes que resultaran sus argumentos, no se iba a dejar convencer.

“Vámonos” susurró Reik y comenzó su camino hacia la entrada del castillo.

“¿De verdad vamos a dejarle ahí sabiendo que va a morir? – preguntó Gabriel sorprendido – Eso me parece demasiado desalmado incluso tratándose de ti”.

“No hay más ciego que el que no quiere ver, ni hay más sordo que el que no quiere oír. Cualquier cosa que le digamos será inútil. Ese hombre acaba de arrojar su vida por la ventana, y nosotros solo tenemos dos opciones. Respetarlo, o morir a su lado”.

Aunque no lo había explicado con las mejores palabras, todos comprendieron el mensaje que su compañero trataba de trasmitirles. Si se quedaban allí, tratando de protegerle, estaban poniendo su vida en peligro, y desaprovechando la última oportunidad de terminar con aquella larga batalla. Sin dejar de mirar atrás, todos comenzaron a caminar lentamente, de espaldas, mientras se despedían tímidamente del sacerdote con la cabeza, el cual, educadamente, les devolvía el gesto, sin ningún rencor, sabiendo que su destino era plenamente consecuencia de sus actos, y por tanto, no tenía nada que lamentar. Poco a poco, los caballeros fueron dándose la vuelta, al mismo tiempo que aumentaban su velocidad, para dejar atrás ese mal momento cuanto antes.

“Adiós, caballeros” dijo mientras les veía perderse en las profundidades del castillo.

Sus palabras no llegaron hasta los caballeros. En cuestión de segundos, todo se enmudeció. El anciano sacerdote se quedó de rodillas, entrelazó sus manos, cerró los ojos y comenzó a rezar.

Padre Nuestro que estás en los cielos,
Santificado sea tu nombre…”

A medida que recitaba su plegaria, podía escuchar el suelo agrietándose bajo sus pies. Podía sentir el calor que despedían las entrañas de la tierra, y la sombra de la muerte acechando por la espalda. Sin embargo, la fe inquebrantable del practicante le impidió no sólo dejar de rezar, sino incluso moverse del sitio.

“…Y ruega por nosotros pecadores,
Ahora y en la hora de nuestra muerte,
Amén”.

En el mismo instante en que terminó su oración, las grietas del suelo se iluminaron de una intensa luz rojiza, y a los pocos segundos, una potente erupción de lava se abrió paso hacia los cielos, engullendo completamente al sacerdote, sin que quedara nada de él.

Los caballeros, que se encontraban ya recorriendo los corredores del castillo, no pudieron evitar bajar la cabeza con resignación, al darse cuenta de la muerte del anciano.

“Su energía… Acaba de desaparecer…” anunció Arturo.

“¿Cuántas personas tienen que morir delante de nosotros sin que podamos hacer nada para evitarlo?” comentaba Gabriel apenado.

“¡No! ¡Esta vez no! ¡Ha sido decisión suya por culpa de esa religión que le tenía lavado el cerebro! – la postura de Reik era firme – Esta vez no ha sido culpa nuestra”.

“Que haya sido decisión suya no cambia nada – opinó Jonyo – Kevin también decidió por sí mismo ponerse delante para proteger a Arturo con su vida, Shin cedió su vida para que tú pudieras resucitar. También, el único delito que cometió Peter era curarnos, y lo mataron precisamente para evitar que continuara haciéndolo. Suso fue a echar un polvo y terminó envenenado… Incluso ha habido enemigos que he sufrido viéndoles morir – señaló refiriéndose a Blackron, aunque no lo citó textualmente – Todos ellos murieron por involucrarse entre nosotros, y no pudimos salvar a ninguno”.

Las palabras del caballero dieron lugar a un silencio incómodo que nadie se atrevía a romper. Únicamente el sonido de sus zancadas avanzando hacia delante, haciendo eco sobre las paredes del castillo, resonaban en el lugar.

“¿Esto no está demasiado vacío?” Gabriel trató de cambiar de tema.

“Ahora que lo dices, es cierto – dijo Arturo – Esta es la última mazmorra de nuestro viaje. La suponía llena de guardias, monstruos y trampas, pero nada de eso. Está totalmente muerta y desprotegida. Es casi como si nos invitaran a pasar”.

“Si lo piensas bien, no es tan extraño – Reik trató de explicarlo – Tú no lo sabes, porque durante ese tiempo estabas en Narshe, pero cuando nos acercamos con el barco, fuimos atacados por diversas armas de largo alcance, que aunque no eran nada contra nosotros, destrozaron el barco y estuvieron cerca de hundirlo por completo. Destruimos los cañones devolviendo los proyectiles, por eso ahora ya no nos pueden atacar”.

“Es verdad, ahí fue cuando Mesa descubrió que Peter nos curaba, así que, apareció de la nada, le mató, y se fue. Luego, todos los soldados que había en la isla vinieron en masa a por nosotros – recordaba Jonyo – Acabamos con todos ellos de una vez con un ataque combinado. Es normal que no quede nadie”.

“No me lo puedo creer… Incluso Peter… – la conversación no estaba precisamente animando al caballero – Ahora que lo dices, no os he preguntado todavía, ¿qué tal fueron vuestros combates? ¿Os resultó difícil derrotar al Caballero Negro y los demás? Para cuando llegué, todo había terminado ya”.

La pregunta de Arturo fue seguida de un nuevo silencio. El resto de caballeros se miraron entre sí durante unos segundos, y finalmente asintieron con la cabeza.

“Está bien, creo que ya podemos contártelo” dijo Jonyo.

“Todos nuestros combates fueron muy duros – Gabriel tomó la palabra, ante un Arturo que estaba cada vez más extrañado – No hemos tenido tampoco mucho tiempo para entrar en detalles, pero en lo que sí que han coincidido todos nuestros combates, es en haber liberado el verdadero poder de nuestras armas y haber ido más allá de nuestras habilidades”.

“No entiendo nada…”

“Nuestras armas han cambiado de aspecto, adoptando su forma final – dijo Reik – ¿Recuerdas que durante el relato de Mesa sobre Fidel mencionó un hacha?”

“Sí, pero lo que salió de la tierra fue su espada, igual que la lleváis vosotros ahora”.

“Después del combate, la llamada Arma Final vuelve a su forma original, supongo que para ahorrar energía – continuó Jonyo – Nadie vio a Fidel ni a su espada en su forma final, pero por el relato de Mesa creemos que también lo consiguió. No queríamos decirte nada, porque llegamos a la conclusión de que alcanzarías el Arma Final por ti mismo durante el combate contra Mesa. Pero en lugar de eso, mira, pudiste hacerlo a tu manera. ¿Quién sabe? Es posible que ni siquiera la necesites”.

“Ya veo… De haber sabido eso, seguramente habría intentado despertar el verdadero poder de mi espada en vez de usar el Corte de Cielo, y puede que hasta hubiese perdido el combate. ¿Y eso de ir más allá de vuestras habilidades? ¿A qué os referís?”

“Je – sonrió Reik – Esa parte es mejor que la veas por tus propios ojos. Contártelo sería demasiado complicado. No te preocupes, pronto lo entenderás todo, ¡en cuanto encontremos al Señor Oscuro!”

Un nuevo terremoto, bastante más potente que el anterior, sacudió toda la zona, interrumpiendo no sólo la conversación, sino también obligando a los caballeros a detener su carrera. Varias de las enormes piedras que formaban la pared del castillo comenzaron a venirse abajo, amenazando la estructura. Los caballeros se cubrieron la cabeza para no ser golpeados por algún escombro, mientras esperaban a que cesara el temblor.

“Esa es otra, no hemos hablado de esto – dijo Gabriel – ¿De qué nos sirve ganar si el planeta va a ser destruido igualmente? ¡¿Es que no podemos hacer nada?!”

“¡Yo tengo una idea! – Exclamó Reik, para que todos pudieran escuchar su voz, a pesar del ruido de los escombros – ¡No sé si funcionará o no, pero es la única opción que veo factible!”

“¿Y qué hacemos aquí parados? ¿Por qué no vamos ahí primero? ¡El combate puede esperar!”

“¡No, Gabriel! – exclamó Arturo con total decisión – ¡Esta vez no!”

“¡¿Cómo que no?! ¡Ahí fuera está muriendo gente! ¡¿Es que te da igual?!”

“La verdad, yo tampoco lo entiendo” coincidió Jonyo.

“No me malinterpretes, no se trata de eso. Es sólo que, no puedo quedarme sin saber la verdad – el temblor fue parando poco a poco – El tiempo que tenemos ahora es limitado, y si salimos ahí fuera y no lo conseguimos, moriremos igualmente, y encima nunca sabremos la verdad”.

“¿La verdad? – Reik también empezaba a sentirse confuso ante aquellas declaraciones – Pero, ¿a qué te refieres exactamente?”

“¿No os parece todo muy raro? Que nos atacaran directamente sin hacer nada?  ¿Que ya nos tuvieran vigilados desde antes de despertar nuestros poderes?  ¿Que casualmente, Fidel, Isabel, Verónica y yo fuésemos huérfanos, y que a vosotros tres os rechazaran vuestras familias? Son demasiadas casualidades… Estoy seguro de que hay algo detrás, y después de llegar hasta aquí, lo único que sé seguro, es que no podría perdonarme por dejarme morir sin aprovechar la oportunidad de averiguarlo. Nos han utilizado como marionetas durante toda nuestra vida, tanto unos, como otros. Hemos viajado por muchos sitios, ayudado a mucha gente, a veces sin que nos pidiesen ayuda, o incluso rechazándola. Hemos puesto las necesidades de los demás por encima de las nuestras en innumerables ocasiones, por justicia, honor, libertad, o el motivo que sea, pero lo hemos hecho, y en ese camino varios de nuestros compañeros han perdido la vida. Por eso, por esta vez, sólo por esta vez, dejadme ser egoísta. Dejadme poner nuestros intereses por encima de los de cualquier otro. Dejadme conocer la verdad. Hemos esperado por el mundo infinidad de veces, así que, por esta vez, el mundo debe esperar por nosotros”.

El discursó caló en el interior de sus compañeros, que estaban tan preocupados por la situación general, que se habían olvidado de la propia. Aunque dudaron unos instantes, uno a uno, fueron asintiendo suavemente, y rápidamente se pusieron en marcha de nuevo.

“Está bien – dijo Jonyo apretando el puño – Sólo por esta vez”.

“Aguantad….” Susrró Gabriel, pensando en todas las personas que habían conocido durante sus aventuras, pero que ahora se encontraban en grave peligro.

“Acabaremos enseguida” añadió Reik.

Arturo sonrió, y no dijo nada más. No era necesario. Continuó corriendo junto a sus compañeros, atravesando el largo corredor del castillo, y finalmente, divisaron un enorme portón al fondo.

“¡Tiene que ser ahí!” exclamó Gabriel.

“Al otro lado de esa puerta nos espera nuestro último enemigo” pensó el caballero del fuego.

Arturo se adelantó a los demás. Levantó levemente el vuelo, avanzando a ras de suelo, extendió la pierna y cargó violentamente contra el portón, echándolo abajo violentamente. El ataque del caballero, unido al impacto del portón contra el suelo del castillo, levantaron una nube de polvo alrededor, que impedía visualizar el interior de la sala.


“Bienvenidos, caballeros. Os estaba esperando” dijo una figura que se divisaba entre la polvareda.

miércoles, 13 de mayo de 2015

Episodio CLXXXI

Hace ya casi diez años de aquel 1º de Bachillerato E en el que, aunque Los Caballeros ya llevaban un par de años atrás en producción, fue cuando de verdad tomaron forma, incluyendo multitud de personajes que dieron lugar a todos los arcos argumentales que hemos visto hasta ahora. También fue la última vez que Enrique Mesa dio clase en el Duque de Rivas. Es vergonzoso como, teniendo el apoyo del alumnado, que son los clientes de la educación, se exiliase de esa manera a una persona que no sólo transmitía filosofía académica, sino también filosofía de vida. Pero, lamentablemente, toda organización tiene una política interna, y si no gustas a los de arriba, ya se encargarán de hacer que te vayas. Ese año, algunos lo tuvimos de profesor, otros lo tuvieron de tutor y les guió en su camino hacia la universidad, y como es de esperar, otros muchos nunca tuvieron la oportunidad de compartir su sabiduría.

Sobre su inseparable compañero, Mario Salvatierra, al cual no pude tener nunca de profesor pero con el que mantuve más de una conversación durante el viaje a Italia, y al que también exiliaron junto a Mesa, ahora es diputado del PSOE en la Asamblea de Madrid, lo acabo de descubrir buscando en google.

PD: Me ha salido un trabajo para las próximas semanas que me mantendrá ocupado prácticamente todo el día. Por tanto, aunque estaban volviendo a salir los capítulos de manera regular, el siguiente tardará un poco más. Ya que hoy se juega la semifinal de Champions, a ver si tengo el siguiente para el día de la final, y esperemos que haya doble celebración :p

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Episodio 

CLXXXI

L
a catástrofe natural continuaba. Debido a la irrupción del núcleo externo, que luchaba en las entrañas de la tierra contra el manto para salir completamente a la superficie, la temperatura de las aguas submarinas comenzó a subir rápidamente, consiguiendo que pequeños mares hirviesen, aniquilando toda forma de vida que habitaba en sus aguas.

Los diferentes desastres que acaecían a lo largo y ancho del planeta dejaron de tener importancia para los caballeros, tras descubrir las últimas novedades del combate de su compañero.

“¿Derrotado? – Preguntó Gabriel – ¿Arturo ha perdido el combate?”

“No. Todavía no. Detectó que Arturo está consciente. Su cuerpo se mueve ligeramente y parpadea. Además, si el combate hubiese terminado, ese extraño tornado que los mantiene aislados se habría disipado, ¿no?”

“Pero realmente que el combate haya terminado o no ya no importa – Reik completó el relato con lo que Jonyo no se atrevía a decir – Porque sin transformar no tiene ninguna posibilidad…”

Los tres se quedaron en silencio durante unos instantes, cabizbajos, imaginándose el peor desenlace posible. De pronto, Jonyo salió corriendo hacia la zona donde se encontraban Arturo y Mesa, cargó una onda durante breves instantes y la lanzó directamente hacia el tornado.

“¡¿Pero qué haces?!” le dijo Gabriel al ver su actitud tan repentina.

“Si no podemos entrar, ¡¡habrá que abrirse paso por la fuerza!!”

El ataque del caballero dio de lleno en la corriente de viento, pero fue fácilmente rechazado, desviándose hacia un lado.

“¡No podrás abrirte paso solo con eso! ¡Recuerda lo que nos ha dicho Gabriel! No es simplemente viento, es un área de alta densidad energética. Para atravesarlo necesitarías un ataque dotado con una energía superior a la que forma el torbellino”.

“Cuando luché contra Blackron, pude abrirme paso a través de un tornado similar de viento negro que utilizaba para defenderse, gracias a mi Lanza del Relámpago. Sí, con eso servirá”.

“¡Espera! – Ahora era Gabriel quien intentaba detenerlo – Reik tiene razón. No basta un ataque normal. Aunque hayas visto como los ataques de ellos sí han atravesado la zona, son ataques muy particulares, y además han sido desde dentro hacia fuera. Y aunque consiguieses que tu técnica atravesase el torbellino, ¿qué pasaría si por casualidad le das a Arturo o estalla cerca de donde esté? Incluso podrías desestabilizar la zona, provocando una explosión prematura que seguramente mataría a ambos”.

Las palabras de sus compañeros consiguieron hacerle dudar. El caballero pareció tranquilizarse, pero miraba el torbellino con recelo.

“Vale, pero entonces, ¡¿qué hacemos?!”

Desde el interior, Mesa se había percatado de los intentos de Jonyo por entrometerse en el combate. Caminando lentamente, se acercó hasta los límites de la zona, para quedar lo más cerca posible de los tres caballeros que esperaban en el exterior, y comenzó a recitar un conjuro.

“La turbia cima filtrándose
en un insolente recipiente de locura
Hirviendo, negando, nublando
y obstruyendo el sueño.
La princesa de hierro se arrastra
La muñeca de barro se desintegra
¡Unión! ¡Separación!
Llenando la tierra
conoce tu propia impotencia
¡Ataúd Negro!”

Según iba recitando el hechizo, un campo de energía negro con forma cúbica se iba formando alrededor de Gabriel, Jonyo y Reik, aislándolos completamente. Todo se cubría de oscuridad ante la perpleja mirada de los tres caballeros. Cuando el cubo se completó, la pared interior se volvió transparente, dejando ver la luz del sol y todo el exterior como si no hubiese pasado nada. Sin embargo, muy bien sabían que la barrera no había desaparecido, seguía ahí. Seguían aislados. Antes podían oír el silbido del aura de Arturo, el estruendo de los terremotos y el aullido del viento; ahora todo había quedado en silencio. Tampoco podían sentir la energía de Mesa ni de su compañero, por más que lo intentaran, ni tenían la esperanza de que su imagen o su voz pudieran llegar al otro lado de la barrera.

“¡Maldición! – Exclamó de nuevo Gabriel – ¡Esto también es como la otra vez!”

“¡Será cabrón! – se quejaba Reik mientras golpeaba inútilmente la pared invisible de la barrera – ¡Nos ha encerrado!”

“No quiere que interfiramos en el combate a cualquier precio” comentó Jonyo.

“Según lo que ha contado Mesa, Fidel adquirió el título de Caballero del Espacio. Seguro que si estuviera vivo podría sacarnos de aquí”.

“Pero no lo está. Ahora sólo estamos tú, el Caballero de la Naturaleza, Jonyo, el Caballero del Tiempo, y yo, el Caballero de la Materia. Así que no nos queda otra que esperar mirando”.

“Tranquilos, aunque minúscula, Arturo todavía tiene una posibilidad de vencer” Gabriel todavía se sentía optimista.

“¿Ah, sí? – sus compañeros le miraban con asombro – ¿cuál?”

“¿No lo recordáis? Bueno, en parte es normal. Hasta ahora, ninguno de nosotros lo ha logrado jamás. La culminación de la vida de un caballero, su ataque más poderoso, que no depende ni de su elemento, ni su energía, sino simplemente de su destreza y habilidad como caballero”.

“Espera… – Jonyo parecía haberse dado cuenta – No te referirás a…”

En el interior de la zona aislada, Arturo continuaba tirado en el suelo, recostado sobre su brazo izquierdo. A pesar de que su cuerpo apenas había recibido daños, él se había percatado del precio que había pagado por salvarse. Su cabello, que había regresado a su color natural, hasta hace poco levantado hacia arriba, le caía de nuevo de forma natural. El aura había desaparecido completamente, y aunque no podía verse los ojos, no necesitaba volver confirmar que su transformación se había desvanecido.

“Veo que sigues vivo – tras formular su hechizo sobre los tres caballeros, Mesa se volvió hacia Arturo, caminando lentamente – Aunque te hayas salvado de mi ataque, tan sólo has retrasado lo inevitable. Era más divertido acabar contigo en tu forma más poderosa, pero ahora mismo, lo importante es el resultado – Mientras le hablaba, vio cómo se ponía de pie, lentamente. Seguía malherido, pero no tenía intención de aceptar la derrota. Empuñó su espada y se colocó en posición de ataque – Ya veo… Ahora que has vuelto a tu forma original, no puedes usar el fuego blanco, ni tampoco esa onda tan potente. El único recurso que te queda es tu espada, pero para tu desgracia, ya has comprobado que es totalmente ineficaz contra mí”.

“No… Existe una manera… Un ataque con mi espada con el que podría cortarte… Hasta el día de hoy, ni mis compañeros ni yo hemos podido realizarlo nunca. Pero si no lo consigo hacer hoy, perderé el combate, así que pienso lograrlo”.

“¿De qué estás hablando?”

“Hablo de la técnica final que todo caballero, independientemente de su elemento, puede llegar a ejecutar. De hecho, una vez dominado, se dice que adquieres el título de Maestro Caballero, y ya estás en condiciones de trasmitir tus conocimientos y habilidades a la siguiente generación”.

“¡No es posible que un ataque así exista y yo no lo conozca! ¡¿Cuál es su nombre?!”

“Es… ¡El Corte de Cielo!” exclamaron a la vez Arturo y Gabriel, cada uno para sus diferentes interlocutores.

“Ahora que lo dices… Creo que escuché ese nombre antes, pero fue hace mucho, durante mi adiestramiento – Jonyo comenzaba a recordar – Había tres tipos de corte con la espada. El de tierra, basado en la fuerza, para tocar cortar cosas sólidas, el de mar, basado en la velocidad, para cortar cosas sin cuerpo, como líquidos y gases, y el de cielo, que unía los dos primeros y podía cortarlo todo”.

“¡Tonterías! – Reik se mostraba escéptico – ¡El Corte de Cielo no existe! Sólo son cuentos para llenarles la cabeza de ilusiones a los niños. Cuando dos energías chocan, la más grande gana. Es así de simple. Esos dos primeros cortes sólo funcionan cuando se utilizan contra objetos o diversos elementos que no están vivos. Pero el Corte de Cielo, juntando los poderes del corte de tierra y mar, supuestamente ignora la defensa del contrario y puede cortar hasta seres vivos con energía propia, independientemente de si tu energía es mayor o menor que la del otro. No es más que una vulgar contradicción”.

“Comprendo tus inquietudes, pero que no lo hayamos logrado ninguno no es prueba suficiente de que no exista”.

“Además – al mismo tiempo, Arturo le estaba explicando los detalles a Mesa – el Corte de Cielo es un ataque ineludible e imbloqueable”.

Tras aquella última aclaración, se hizo el silencio durante unos segundos, y de pronto, Mesa se echó a reír.

“¡¡Jajaja!! ¡¿Ese es tu as en la manga?! ¿El Corte de Cielo? Shawn ya me habló de él. Blackron podía hacerlo con el viento negro, y ahora que yo he heredado sus poderes también puedo. Es más, ya lo has sufrido, ¿no te acuerdas?”

“¿Con el viento negro? ¿Ya lo has sufrido? Te estás refiriendo al… ¿Getsuga Tenshou? Es imposible que eso sea un Corte de Cielo. Como ya te he dicho, es un ataque con la espada que no depende de ningún elemento. Un momento… ¿Shawn? ¿Qué relación tienes tú con él?”

“Si quieres la respuesta tendrás que preguntar a tus compañeros, pero para eso antes tendrás que salir de aquí con vida. Y ahora, si el Getsuga Tenshou no es un Corte de Cielo, quiero ver como lo detienes”.

Alzó su mano, pero esta vez, en vez de separar los dedos para hacer cinco ataques como antes, los juntó, y al bajar la mano apareció un único haz de viento negro, pero mucho más gordo y poderoso que cualquier otro. Al bajar la mano, salió disparado contra el caballero, que lo esperaba con una mezcla de decisión y desasosiego.

Empuñó su espada con fuerza, y en el mismo instante en que el haz de viento negro iba a entrar en contacto con su cuerpo, le asestó un corte horizontal suave, pero muy rápido, que cortó el viento en dos mitades. Una de ellas salió disparada por encima de su cuerpo, mientras que la otra, se estrelló en el suelo, dando lugar a un profundo agujero. La gran velocidad del propio Getsuga Tenshou, aún cortado, le permitió salir del área que mantenía aislados a los luchadores, pero se deshizo nada más salir.

“Eso era… – tanto Jonyo, como los otros dos caballeros pudieron ver la mitad de arriba abriéndose paso, y de nuevo, cerrándose inmediatamente el orificio que había creado – ¡Arturo ha cortado un ataque de viento negro!”

“Ha usado el Corte de Mar. Con su nivel actual no es algo sorprendente. Pero intentar soñar con un ataque que no existe es otra historia” Reik seguía dudando sobre esa idea.

En ese momento, Jonyo rememoró en su cabeza todos los problemas que había tenido, no sólo con el viento negro, sino con todos los demás elementos oscuros, y la facilidad con la que ahora Arturo se había librado de uno de ellos.

“Pero… – Gabriel, al verle la cara, se atrevió a preguntar –  Tú tienes velocidad más que suficiente para hacer el Corte de Mar y evitar todo ese tipo de ataques, ¿verdad?”

“Esto, ¡claro! ¡Jajaja! – Se reía, tratando de disimular el hecho de no haberse dado cuenta en su momento, y haberlo pasado tan mal sin tener porqué, durante el combate contra Blackron – ¡Si es evidente!”

En el interior del torbellino, Mesa estaba desconcertado. Hasta ahora pensaba que el caballero se estaba tirando un farol, pero tras ver su demostración, empezó a dudar de sus propias palabras.

“Ese Shawn… Me engañó... Seguramente sabía que de dominar el Corte de Cielo, cualquier caballero podría derrotarnos, así que camufló su verdadero potencial diciendo que el Caballero Negro podía ejecutarlo. Maldita rata… Hemos pecado de inocencia al pensar que alguien que es capaz de traicionar a cualquier persona por dinero no iba a hacer lo mismo con nosotros sólo porque le estábamos pagando”.

“Bueno, esto ha sido lo fácil – pensaba Arturo – Ahora viene la parte complicada”.

Mesa quiso terminar de confirmar sus temores, y mandó su elemento más poderoso. Extendió el brazo, y una gran cantidad de llamas negras salieron disparadas hacia el caballero.

“¡Veamos que hacer ahora! ¡Si intentas cortar el fuego negro, quedará adherido a tu espada, volviéndola inservible!”

El caballero volvió a echar mano de su espada, y sin ningún temor, volvió a ejecutar un corte suave pero de gran velocidad, sólo que ahora vertical. El cúmulo de fuego negro se dividió en dos mitades que terminaron cayendo al suelo, a los lados de Arturo.

“¡Es imposible! ¿Por qué no se han pegado las llamas a tu espada cuando han entrado en contacto?”

“Porque nunca han llegado a estar en contacto con mi espada. El Corte de Mar es un ataque basado en la velocidad. Es tan rápido que las moléculas de aquello que corta no tienen tiempo de entrar en contacto con la espada, y se separan gracias a la onda expansiva que el corte deja a su paso. Por eso sólo funciona contra líquidos, gases, y diversos elementos con una alta dispersión molecular. Si fuera un cuerpo sólido, con una densidad molecular alta, la espada se pararía en seco debido a la escasa fuerza de la técnica”.

“Si es tan efectivo, ¿por qué no lo has utilizado antes?”

“Aunque parezca sencillo desde fuera, no es una técnica que se pueda improvisar. Requiere mucha concentración. En medio del fragor de una batalla, resulta complicado prever con suficiente antelación que un adversario vaya a atacarte con un líquido o cualquier elemento de densidad molecular baja y al mismo tiempo preparar la técnica adecuadamente. Sin embargo, ahora que dependo solo de mi espada, puedo hacerlo con total tranquilidad”.

Mesa cambió de estrategia. Extendió el brazo y proyectó un chorro de agua negra, tratando de debilitar a su adversario. Esta vez, Arturo no cortó el agua, simplemente saltó hacia un lado para esquivarla.

“No puedo estarme todo el día defendiéndome de sus ataques con el Corte de Mar… ¡Tengo que atacar!”

Al pisar la tierra de nuevo, miró hacia delante y descubrió un camino más o menos recto, sin apenas charcos de lava, que le conducía hacia su adversario. Decidido, salió corriendo directo a su objetivo, con la espada preparada en su costado izquierdo.

“Si el Corte de Cielo es tan poderoso como lo cuentan, podría tener algún problema – Mesa se planteaba todas las posibilidades – Si sigo tratando de impedírselo, no conseguiré nada, seguirá intentándolo hasta que lo consiga. No obstante, si ve que ese ataque fracasa delante de sus ojos, la cosa cambia. No creo que su espada, por muy poderosa que sea esa técnica, sea capaz de cortarme, pero tampoco voy a dejarle comprobarlo. Tengo una idea…”

“No es seguro que pueda conseguir realizar un Corte de Cielo. Es más, ni siquiera sé con certeza si existe. No lo he hecho nunca antes, ni se lo he visto hacer a nadie. Sólo cuento con esos relatos de leyenda que han pasado de generación en generación durante años – Arturo era consciente de su situación – Ahora mismo, no me siento diferente de las personas que habitaban en aquella isla donde todavía se creía en los dioses de las antiguas religiones. Por mucho que haya demostrado la ciencia, ellos siguen creyendo en lo imposible. Eso me toca hacer a mí hoy, ¡¡creeré en lo imposible!!”

Mesa continuó enviando diferentes elementos oscuros y diversos ataques energéticos contra Arturo, que los esquivó saltando a un lado, siempre sin dejar de avanzar. Agua, fuego, hielo, e incluso un rayo oscuro, caían sobre el caballero, tratando de ralentizar su avance.

Desde fuera, el fiero tornado que separaba a los combatientes del exterior, impedía la visibilidad casi totalmente. Los tres caballeros tenían que conformarse con vagos reflejos y sombras que muy de vez en cuando podían lograr apreciar, tratando de imaginarse el resto.

“Bueno, ¿cómo lo veis?” preguntó Reik para romper el silencio.

“Para lograr el Corte de Cielo, Arturo tendría que asestar un golpe de máxima velocidad y máxima potencia. Durante mi enfrentamiento con Blackron, conseguí acertar varios ataques de gran potencia que se basaban en la velocidad y la reducción de mi peso. Gracias a eso, finalmente logré convertirme en Caballero del Tiempo. Sin embargo, una cosa es alterar tu propio cuerpo y otra muy distinta cambiar el de un objeto. La espada tiene una masa fija que no se puede cambiar, y a mayor velocidad, más masa. Si sacrificas la velocidad por la potencia, consigues el Corte de Tierra, y si sacrificas la potencia por la velocidad, el Corte de Mar. No se pueden tener las dos a la vez, y el término medio es un simple ataque normal, sin potencia ni velocidad, un quiero y no puedo”.

A medida que corría, Arturo comenzó a concentrarse. La espada respondió a su llamada y comenzó a iluminarse. El fulgor que emitía llegó a ser tan intenso que sus compañeros pudieron divisarlo sin mayor problema desde el exterior.

“Su espada se está iluminando… – pensó Jonyo – ¿Por qué? Recuerdo que también se iluminó durante el combate que tuvo contra Lardo. La gema que adorna mi Lanza del Tiempo también se ilumina, pero esta ha sido la única espada que se ha iluminado en su forma original. Tiene que haber alguna explicación…”

“Es extraño, ¿no te parece?” Reik parecía tener una idea parecida en la cabeza.

“Sí… Pero es posible que al terminar este combate encontremos alguna respuesta”.

“Tengo que calcular muy bien su trayectoria. Siendo diestro, necesitará apoyarse con la pierna derecha adelantada para no cortarse la pierna sin querer al hacer el corte. Cuando vea que pisa con el pie derecho con más fuerza de lo normal, será el momento en el que ejecutará su ataque”.

Mesa continuó esperando a su adversario, vigilando todos sus movimientos, sin dejar de lanzarle nuevos ataques que tuviera que esquivar. Sus ojos felinos amarillos captaban todos los detalles del desplazamiento del caballero. Cuando estuvo suficientemente cerca y estampó su pie derecho con más fuerza que en los pasos anteriores, él lo vio, y estaba preparado. A pesar de que la espada del caballero, ya totalmente iluminada, se acercaba a gran velocidad, la nueva percepción que le proporcionaba su transformación consiguió que le pareciese que se movía a cámara lenta.

En el momento oportuno, en lugar de teletransportarse, Mesa dio un paso atrás, con el fin de alejarse lo mínimo y necesario del caballero para que errara en su empeño. Arturo ejecutó su ataque, pero no pudo llegar a saber si de verdad era un Corte de Cielo, porque vio cómo su espada pasaba por delante de su adversario sin llegar a alcanzarlo. La onda expansiva del espadazo demostró su potencia, abriendo una brecha en las paredes del torbellino, que permitió a los tres caballeros, durante unos instantes, observar el duelo en directo y con claridad.

“¡No! – Exclamó Jonyo – ¡¡Ha fallado!!”

“¡Es imposible! – Gabriel seguía teniendo fe – El Corte de Cielo es un ataque ineludible e imbloqueable. Tan sólo recordad, ¿cómo terminaban esas historias sobre el Corte de Cielo?”

Mientras pensaban la respuesta, no perdían ojo de lo que estaba sucediendo delante de sus narices. Mesa, libre del alcance de la espada, que ya había pasado de largo su cuerpo, se dispuso a preparar su contraofensiva. Todo iba bien hasta que notó como sus pies le arrastraban hacia delante sin que pudiera controlarse.

“Pero… ¡¿qué pasa?!” exclamó sobresaltado.

El Corte de Cielo había arrasado con todo a su paso, aunque lo único que hubiese a su paso fuese aire. Y ahora, el vacío que se había generado alrededor, intentaba tragarse todo lo que estaba a su alcance para llenarse de nuevo.

“Ya veo… Aunque haya fallado el golpe, la fuerza del Corte de Cielo es tan grande que intenta acabar conmigo incluso sin haberme alcanzado – trató resistir la atracción pisando tan fuerte como pudo, pero sólo consiguió que sus pies resbalaran, amenazando con hacerle perder el equilibro – No consigo salir de aquí… ¡Será mejor que me teletransporte o acabará conmigo!”

“¡Ya recuerdo! – Aquella escena revivió los recuerdos de Reik – La historia terminaba con algo así como… Incluso si su adversario rehúye las mandíbulas del dragón, el viento que deja a su paso le dejará indefenso y será destrozado por sus garras”.

“Entonces… ¿se refería a esto?” se preguntaba Jonyo.

“Que extraño… – Mesa no conseguía trasladarse instantáneamente para escapar – No consigo realizar el Shunkanido… – ¿Por qué? – Intentó llevarse los dedos a la frente para hacerlo manualmente, como lo había hecho en el pasado, pero la fuerza que le arrastraba era ya tan fuerte que no lograba levantar el brazo – ¡¿Qué está pasando?!”

“¿Qué ocurre? ¿Esta vez no puedes huir? – Arturo, a pesar de que había fallado el golpe, no había terminado de ejecutar su ataque. En su lugar, reaprovechó la fuerza que había empleado y continuó el ataque, girando su cuerpo en la misma dirección en la que iba la espada – Por fin he comprendido la verdadera naturaleza de tu técnica. Para cambiar de sitio, intercambias tu posición con aquello que haya en el lugar al que quieres ir. El punto al que te trasladas puede parecer vacío, pero aunque no lo parezca, siempre hay algo, aunque sea aire. Para tu desgracia, el Corte de Cielo, como te dije, es capaz de cortarlo todo, incluso el aire. Ahora, todo lo que está al alcance de mi espada es un espacio vacío, así que no puedes traer aquí nada con lo que puedas intercambiarte mientras mi técnica siga activa. Por eso no puedes teletransportarte. En este momento y en este lugar, sólo existimos tú y yo – al mismo tiempo que recitaba su explicación, pivotó sobre su pierna izquierda para dar una vuelta completa sobre sí mismo, alargando todavía más el efecto de su ataque, hasta regresar a la posición inicial, el costado izquierdo del caballero – Fin del juego, Mesa, ¡¡Corte de Cielo!!”

Como último recurso, instintivamente, Mesa puso el brazo delante de la trayectoria de la espada, confiando en poder bloquearla, o al menos en frenar su avance. Para su desgracia, la espada imbuida en luz le seccionó su extremidad con un corte limpio a la altura del antebrazo, a poca distancia del codo. El miembro cercenado dio un par de vueltas en el aire antes de caer al suelo, donde los dedos y las garras todavía se movían debido a ciertos espasmos.

La espada del caballero continuó su camino hacia su objetivo, entrando por el costado derecho de Mesa. Toda la punta de la espada se clavó en su interior, y fue subiendo en diagonal hacia arriba, atravesando el torso. Al encontrarse con la cicatriz del Corte Vacío, que presentaba una línea diagonal en sentido opuesto, fue capaz de penetrar en la herida, cruzar sin problema la zona que ocupaba y seguir su camino. Al entrar en contacto las dos heridas, los efectos del Corte Vacío se extendieron por el corte, dejando su oscuridad por ambas hendiduras, aunque también deteniendo el sangrado, igual que la última vez. Finalmente, la espada pasó por la parte superior izquierda del pecho de Mesa, segando su corazón, y salió poco antes de llegar al hombro, dejando una cicatriz oscura en forma de cruz en su cuerpo.

Una vez concluyó el ataque final del caballero, toda la zona que los envolvía se iluminó, cegando a todos. Nadie, ni siquiera Arturo o Mesa, que se encontraban dentro, pudieron ver qué ocurrió después. Tan sólo se escuchó un profundo grito del profesor, pero ya no había ninguna hoja hundida en su cuerpo.

Fue cuestión de segundos. Tan rápido como había venido la luz, se fue. Ya no había nada. El torbellino se había ido también. Únicamente, los cuerpos de Arturo y Mesa reposaban en el suelo, tirados boca arriba, severamente debilitados.

Gabriel, Jonyo y Reik, vieron como las paredes del Ataúd Negro en el que habían sido encerrados comenzaban a agrietarse. El hechizo estaba perdiendo su poder. Las grietas no tardaron en aumentar en número y tamaño, uniéndose unas con otras, hasta que finalmente, el féretro de energía que les encerraba estalló en un aluvión de cristales oscuros.

“El combate ha terminado” dijo Reik.

“¡Rápido! ¡Vamos!” exclamó Jonyo.

Los tres corrieron hacia el área del encuentro. Allí, descubrieron el cuerpo de su compañero, seminconsciente, y empapado de la sangre de sus propias heridas.

“Como me imaginaba… Está fatal… – Gabriel confirmaba sus peores sospechas – Hay que curarlo ya. Dejadme un hueco”.

“Curarme… ¿tú? – el caballero todavía se mantenía suficientemente sereno como para al menos escuchar lo que decían a su alrededor – Y… ¿Peter?”

Los tres caballeros se miraron entre sí, deseando que fuera otro el que le explicase todo lo que había ocurrido.

“Es una larga historia – dijo Reik sin entrar en más detalle – Ahora lo importante es que te pongas bien”.

Mientras Gabriel curaba Arturo valiéndose de una luz rosa que manaba de sus manos, Reik y Jonyo se dieron cuenta de que Mesa también seguía vivo y consciente, aunque agonizando.

“No ha sangrado… Que técnica más rara” comentó Jonyo.

“Creo que no ha sido cosa de Arturo, sino más bien de Fidel. La herida que le ha hecho Arturo se ha juntado con la de Fidel y han combinado sus efectos. No estoy seguro de lo que significa esas heridas oscuras, pero me da la impresión de que lo que cubren ya no forma parte del cuerpo de Mesa”.

“Entonces…” dijo Jonyo mirando a la parte superior izquierda de su pecho, que había sido alcanzada por la espada de su compañero hacía apenas unos instantes.

“Sí, seguramente parte de su corazón ya no forma parte de su cuerpo. Es decir, no existe forma de que salga de esta – sacó su espada y apuntó a la garganta del monstruo que yacía en el suelo – Es una buen oportunidad para rematarle”.

“No te preocupes, aunque no tuviese esa herida, tampoco sobreviviría – Jonyo recordó lo ocurrido al final de su encuentro con el Caballero Negro – No es necesario rematarle…”

“Ya sé que no tenemos por qué hacerlo. La pregunta era si lo hacemos o no”.

“¡¡No!! – Exclamó una voz – ¡¡Deteneos!! ¡¡Os lo ruego!!”

Al girar la cabeza, los caballeros descubrieron a Shinkan Mario, exhausto y sin aliento, caminando hacia ellos desde la lejanía.

“Ese es… – Jonyo estaba tan perplejo que se olvidó de terminar la frase – ¿Cómo ha llegado hasta aquí?”

“Han pasado varias horas desde que nos separamos de él – Reik lo veía de otra manera – Siguiendo la posición del choque de ondas entre Arturo y Mesa, que estoy seguro se ha visto en el cielo desde lejos, tampoco es tan descabellado que nos haya encontrado”.

“Parece que llegué tarde…” susurró al ver a Mesa tirado en el suelo, convertido en un monstruo.

Varios ríos de lava le separaban de la plataforma en la que estaban los caballeros. La destrucción se había agravado considerablemente en la zona debido a los efectos del combate. En cambio, la inmensa mayoría de los alrededores eran completamente transitables, salvo erupciones en puntos concretos. Inmediatamente, Jonyo salió a su encuentro, para ayudarle a cruzar volando la distancia que los separaba.

“Enrique…” dijo en cuanto Jonyo le dejó de nuevo en tierra.

“¿Por qué me sigues llamando por ese nombre? Sabes que ese ya no es mi nombre” le preguntó a su antiguo compañero.

“Lo que pasó no fue culpa tuya, Enrique. Hiciste lo que debías hacer. Tal y como era de esperar de un buen kantiano. Ya es hora de que te perdones a ti mismo y descanses en paz”.

Mientras hablaban, el cuerpo transformado de Mesa comenzó a deshacerse. Desde el extremo de sus alas, comenzó a deshacerse, o más bien, a convertirse en cenizas. Poco a poco, aquellas grandes alas iban reduciendo su tamaño, y el polvo en el que se convertían era arrastrado por el viento.

“¿Qué le está pasando? – Preguntó Jonyo – Blackron murió cuando las esferas elementales salieron de su cuerpo, pero no se convirtió en polvo, su cuerpo quedó intacto”.

“Este es el destino de una criatura maléfica. Cuando es vencido, se convierte en cenizas y no queda nada de ella – el anciano sacerdote daba su propia explicación – Es castigado por los dioses por haber modificado la vida que ellos le habían dado”.

“Al menos, he cumplido como profesor – susurró mientras sus alas, y ahora también sus piernas, avanzaban su descomposición – He sido derrotado por la técnica final de un caballero – Arturo, gracias a los poderes de Gabriel, ya logró ponerse de pie y contemplar la escena junto al resto – Enhorabuena caballero, has aprobado este examen, pero todavía te falta un poco para la graduación. La persona que te está esperando ahí dentro no tendrá piedad”.

“Estaré preparado. Sin embargo, hay una cosa en la que te equivocas. No he ganado solo. Aunque logré ejecutar el Corte de Cielo, al echarte hacia atrás para esquivar el primer golpe, aunque conseguí atraerte de nuevo, no fui capaz de alcanzarte con cercanía suficiente como para cortarte por la mitad. Ese era mi plan. Tan sólo fui capaz de acertar con un corte, que aunque profundo, si no llega a combinarse con los extraños poderes de la cicatriz que te dejó Fidel, no habría sido suficiente para tumbarte. Aunque con dificultades, habrías podido continuar, y yo no hubiera tenido ninguna posibilidad”.

“Comprendo… Parece que he estado equivocado desde el principio – se volvió hacia su antiguo compañero, y con la mano que le quedaba, extendió el brazo para tratar de tocarle – Gracias por venir, Mario. Me alegra que la tuya sea la última cara que vea. A partir de ahora, volveré al lugar que me corresponde, y dejaré el futuro en manos de la nueva generación, como el gran profesor que soy”.

“¿A partir de ahora? – A Reik le pareció extraña esa forma de hablar – Sabe que va a morir. Entonces, ¿por qué habla como si tuviera futuro por delante?”

Mario extendió el brazo para corresponder a su antiguo amigo, cuando sus manos comenzaron a convertirse en polvo desde la punta de sus dedos, impidiendo el contacto. Sus alas, brazos y piernas ya estaban prácticamente desintegrados, pero el anciano pudo sostener su torso, incorporándole levemente.

“Parece que nos separamos de nuevo, Mario… Pero esta vez, estaré esperando al otro lado – Con aquellas palabras, el torso de Mesa continuó consumiéndose hasta que sólo quedó la cabeza – Así que no lo olvides… El próximo día, ¡más!” logró balbucear, antes de que lo único que quedara de él fuera un montón de cenizas sobre las manos de su antiguo compañero. Segundos después, una repentina ráfaga de viento se llevó las cenizas, pero sus manos quedaron manchadas, del mismo modo que la huella que había dejado en su corazón, nunca desaparecía.

Curiosidades!!!


Mesa es homenaje (aparte de a sí mismo) a Hadler de las Aventuras de Fly. El Corte de Cielo viene ideado por el ataque cruzado que recibe Hadler, aunque es un mismo ataque y no dos como aquí, y no es el golpe que acaba con él...


...Pero si comparten forma de morir.


El espadazo dando una vuelta sobre sí mismo después de fallar el primero es de Kenshin.