lunes, 24 de junio de 2013

Episodio CLIV

Siguen las buenas noticias :D El E3 fue un exitazo, consiguieron venderme la PlayStation 4 diciendo que era Region Free, a 400 pavos (en un dia sin iva 330) y con Final Fantasy 15 y Kingdom Hearts 3 ^^ Venga a ver si para el próximo estamos celebrando que hemos ganado la Copa Confederaciones, que por el momento va muy bien :)

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Episodio CLIV
E
l efecto del Eau de Toilette estaba en su punto álgido, y el caballero de la rosa tenía unos instantes para pensar. Sostenía su espada con las dos manos, pero todavía no había decidido si atacar simplemente con la espada o combinarlo con una ofensiva más feroz.

“Tengo dos opciones… Atacarle sólo con la espada o aprovechar que no se entera de nada para atacarle con todo mi poder. Pero, si hago eso… Incluso aunque él sea el Capitán Lardo, le mataría, y por encima de todo, tengo que mantener mi promesa de no matar bajo ningún concepto. ¡Le atacaré sólo con mi espada y será suficiente!”

Gabriel empuñó su arma con las dos manos y se llevó la hoja por detrás de la cabeza. Desde esa posición, inició un espadazo vertical tan rápido como pudo, sin olvidarse de no apuntar a ningún punto vital.

Un instante antes de cortar a su adversario, su ataque se detuvo. Anonadado, el caballero contemplaba la mano de Dayuri ensangrentada, sujetando la hoja con la mano desnuda.

“¡No es posible! ¡Si eres un pervertido! ¡¿Cómo has podido resistirte al poder del Eau de Toilette?!”

“Pues precisamente por eso, caballero. El olor del Eau de Toilette tan solo es esencia del coño de Miss Jewel, ¡¡y a mí los coños que me ponen son los de las menores de edad!!”

Con la mano que le quedaba libre, el Coronel Lardo asestó un nuevo espadazo al caballero de la rosa, cortándole el estómago de lado a lado. La ropa de Gabriel se tiñó de rojo al instante y él comenzó a derrumbarse, pero logró sobreponerse al dolor y consiguió apoyar únicamente la rodilla, evitando caer del todo. No obstante, su oponente seguía ahí, delante de él, amenazando su vida.

“Vamos, ¿a qué estás esperando? Tienes que sacar una de esas rosas verdes para curarte, ¿no? Pues hazlo – Le dijo – Si te preocupa que te ataque mientras estás indefenso, cálmate. Ya te he dicho que mi intención es que me muestres tu verdadero poder y disfrutar del combate, no gano nada matándote ahora”.

Era humillante, pero Gabriel sabía que decía la verdad y que podía confiar en él. Un lunático obsesionado con él jamás podría traicionar a su obsesión. Sacó una rosa verde sin más dilación y se la clavó en la zona crítica para acelerar el proceso.

“Una cosa sí te voy a decir – continuaba recitando mientras el caballero se recuperaba – Aunque tu cuerpo se cure, la sangre que pierdes con cada uno de mis ataques no se regenera. Estoy seguro de que ya lo sabes, pero si continúas así y decides encerrarte en ti mismo aún a cambio de tu propia vida, mis ataques terminarán derrotándote igualmente por la pérdida de sangre, y no tendré más remedio que concederte tu deseo: matarte e ir a por el caballero del fuego, dondequiera que esté”.

“Sí, por supuesto que lo sé – contestó a la vez que ponía en pie – Tengo pensado terminar con esto antes de llegar a ese punto”.

Lardo hizo como se creía las palabras del caballero, y se colocó en posición de combate. Gabriel le observaba atentamente y meditaba sus posibilidades.

“Menos mal que no utilicé todo mi poder antes… Habría sido completamente en vano y además al haberme descubierto ya no hubiera habido vuelta atrás y él habría conseguido lo que quiere. Estoy seguro de que fingió caer bajos los efectos de mi rosa aposta para ver si al tener una oportunidad mostraba toda mi fuerza para acabar con él. Las cosas no han salido como él quería, pero tampoco es que yo esté en una mejor situación.

Veamos… ¿Qué puedo hacer? Todavía me quedan rosas de color…”

Gabriel tuvo que interrumpir la elaboración de su estrategia. Dayuri se había cansado de esperar y había comenzado una nueva ofensiva. Empuñaba la espada, tratando de cortarle de nuevo, pero el caballero no se podía permitir seguir gastando las valiosas rosas turquesa sin tener siquiera una estrategia con la que combatir. Bloqueó el ataque de su adversario con su espada, pero no tardó en notar cómo su abrumadora fuerza se hacía patente, obligándole a retroceder. El caballero intentaba soportar la fuerza que se echaba sobre él, pero lo único que conseguía era que sus pies se clavaran en el suelo.

Lardo continuaba atacando una y otra vez, apaleando el arma de Gabriel, como  si Dayuri portara un bate en vez de una espada. Cada golpe hundía más y más al caballero, tanto física como moralmente, haciéndole entender que tenía que cambiar de estrategia.

Cuando el Coronel Lardo levantó la espada una vez más, Gabriel aprovechó para escapar y saltó al cielo, alzando la espada con él.

“¿Lo va a hacer?” pensó Lardo mientras le observaba.

“¡Es hora de tomar esto en serio! ¡Senbonzakura!”

La hoja de su espada se dividió en un millar de pétalos de rosa que rodearon a su objetivo y se le acercaron desde todas direcciones.

“Menuda decepción… – dijo mientras los pétalos continuaban estrechando el círculo – Yo pensando que ya te habías decidido a mostrarme tu verdadero poder, y me encuentro con esta técnica que todo el mundo tiene tan vista”.

“Un millar de pétalos de rosa que nadie es capaz de seguir ni de contar, y por tanto que nadie es capaz de esquivar, ¡me gustaría saber qué pretendes hacer! Ya te alcancé con este ataque en Arcadia, y volveré a hacerlo”.

Dayuri era una de esas personas que no les gusta hablar cuando pueden actuar, así que no perdió el tiempo con palabras. Extendió su espada al frente y esperó a que los pétalos le atacaran todos a la vez. En ese momento, comenzó a dar una serie de espadazos al aire a toda velocidad y en todas direcciones, generando una onda expansiva que echó para atrás todos los pétalos de rosa, los cuales quedaron dispersos en el aire, flotando sin ningún poder.

“¿No pensarías que esta tontería iba a funcionarte otra vez, verdad?”

El caballero se quedó atónito al ver cómo una de sus mejores técnicas había sido anulada con tanta facilidad por su adversario. Uno de los pétalos de rosa dispersos llegó hasta él y se paseaba cerca de su rostro. Apenado, como un poeta que había perdido su inspiración, Gabriel agarró el pétalo y cerró el puño con fuerza.

“Mi técnica… ¡no ha fallado!” exclamó con decisión.

En ese instante, la túnica que envolvía al Coronel Lardo se hizo pedazos. El Senbonzakura no había logrado herir a Dayuri, pero había reducido a trocitos su túnica, que ahora se dejaban llevar por el viento, dejando a la luz la apariencia del Coronel.

“Ya te dije que iba a empezar por quitarte esa túnica”.

“Chico… Esto no va de quitarme la túnica”.

“¿En serio? – Contestó Gabriel – Entonces sólo tengo que ganar el combate”.

“Jajaja… Una respuesta tan arrogante es más propia del caballero de la tierra que de ti”.

“Bueno, Fidel siempre ha tenido que aprender mucho de nosotros, así que no me importa haber aprendido algo de él, aunque sea sólo a restarle importancia a las cosas aunque la tengan y tomármelo con un poco de humor”.

El caballero de la rosa se fijó en el cuerpo de su adversario, ahora visible, después de que los pedacitos de tela que formaban la túnica que lo envolvía hubiesen sido arrastrados por el viento. Al contrario de lo que él pensaba, Dayuri presentaba su aspecto habitual, no tenía ninguna herida, ninguna cicatriz, ninguna marca ni ningún tipo de señal que demostrara su combate contra Arturo.

“¡No lo entiendo! Se supone que apenas conseguiste sobrevivir al combate contra Arturo, pero tu cuerpo luce como si no hubiera pasado nada. Al estar cubierto con esa túnica, me imaginaba que tendrías un parche en el ojo o un montón de cicatrices por el cuerpo, pero no hay nada así, ¿por qué?”

“Guárdate la imaginación para la poesía, caballero. ¿Es que acaso vosotros después de curaros presentáis algún síntoma del combate anterior? He oído que el caballero del rayo se sacó los ojos en la isla prisión, pero ahora ve perfectamente, ¿no? Cuando se utiliza una técnica curativa para recuperarte, no quedan secuelas. ¿Pensabais que erais los únicos con un poder así? ¿Qué en el castillo de la Fiera Deidad no hay un dispositivo similar? Es más, te diré una cosa, lo diseñó el propio Peter cuando estuvo trabajando para nosotros, ¡jajajaja!

Es cierto que estuve a punto de morir en aquel combate. La teniente Jezabel se encargó de bajar hasta el fondo del cráter para rescatarme. Si llega a venir un poco más tarde es posible que ya no estuviera aquí, pero eso fue precisamente lo que hizo esa batalla tan excitante y por lo que estoy dispuesto a volver a luchar contra el caballero del fuego si tú me decepcionas.”

“Sigo sin entenderlo, Entonces… ¿Por qué te ocultabas bajo esa túnica?”

“Sabía que vosotros pensabais que había muerto, así que decidí reservarme para ti, por si acaso algún otro eufórico caballero se interponía en mi camino”.

“Salta a la vista que te refieres a Fidel, pero ya sabes que él iba a por Mesa”.

“El problema de ese caballero no es Mesa, es sí mismo. Si venciese a Mesa, continuaría sintiéndose vacío y necesitaría otro adversario para llenar su corazón”.

“¿Insinúas que puede ganar?”

“Digamos que tiene más posibilidades que tú ahora mismo” sonrió y se lanzó a por el caballero.

Gabriel sabía que su oponente le atacaba de nuevo para no darle tiempo a pensar una estrategia y obligarle a usar su poder, y también que en las condiciones actuales, estaba en clara desventaja en el cuerpo a cuerpo. Por tanto, si quería el tiempo que buscaba, tenía que conseguirlo él.

Decidió evitar los espadazos esquivándolos. Moviéndose a los lados cuando su adversario practicaba un corte vertical que cortaba las ramas de los árboles, luego saltando y agachándose cuando realizaba un corte horizontal que cortaba los troncos de los árboles, y unos cuantos cabellos del flequillo del caballero por calcular mal las distancias, y en cuanto vio la oportunidad, se escabulló por el bosque aprovechando su densidad, y terminó sentado detrás de un árbol.

“Tengo que pensar un plan… Él no sabe detectar la energía, tengo que aprovecharme de eso – respiró un instante y recordó la imagen de Marta en su memoria – ¡Por favor Marta, confía en mí! ¡Lo conseguiré!”

La hoja de una espada oxidada y dentada  emergió de su pecho. Dayuri había aprovechado la longitud de su espada para atravesar el tronco del árbol y después el cuerpo del caballero, y todavía le sobraba cerca de la mitad del filo.

El caballero no había sido capaz de prever este último ataque, y ahora se encontraba en una situación cercana a la muerte. Comenzó a brotarle sangre por la boca y sintió que perdía el control de su cuerpo poco a poco. Lardo retiró la hoja de golpe, provocando un fuerte retortijón en el cuerpo del caballero, además de agravarle la herida y el sangrado.

Cayó al suelo sin remedio y trató desesperadamente de clavarse una rosa turquesa antes de que se le escapara la vida, pero la realidad estaba cada vez más distorsionada y borrosa. Fue capaz de llevarse una mano a la manga y de sacar una rosa, pero no llegó a ver de qué color era.

“Marta, ayúdame… Si no escojo la rosa correcta, me reuniré contigo” agonizaba.

Se clavó la rosa dejando caer su mano sobre su cuerpo para hacer el mínimo esfuerzo posible y lo único que sintió fue un pinchazo. Dedujo que se había equivocado y por tanto, que iría a reunirse con su amada. Sin embargo, lo que ocurría era que su estado era demasiado crítico como para generar un efecto inmediato, y a los pocos segundos volvió a notar la vida fluyendo en su interior.

“He… He acertado… – susurró al recuperar la vista y admirar el color de la rosa – Marta… Gracias por salvarme…”

Todavía no estaba a salvo. Gabriel vio como la rosa se volvía completamente  blanca sin que se hubiesen curado sus heridas. Entendió que sus daños eran demasiado graves como para curarse con una sola rosa, por lo que, antes de volver a perder sus fuerzas, fue sacando una rosa turquesa tras otra y se las clavó hasta que estuvo completamente recuperado.

“Haaaa… Haaaaaa… – jadeaba del susto – He tenido que gastar todas mis rosas…”

“Lo que has hecho es el ridículo – le contestó Dayuri, que había permanecido callado, observando todo el numerito – Todo esto se podría haber evitado si me hubieses mostrado tu verdadero poder desde el principio. Has estado a punto de morir por tu estúpida promesa”.

“Parece que va en serio lo de que piensa matarme si no hago lo que dice, ¡pero no lo haré! ¡Encontraré otra manera! ¡Sé que existe otra manera! ¡Una manera de no romper mi promesa!”

Se levantó, con más fuerza de voluntad que física en su interior, y fue él quien ahora se lanzó a por su adversario.

“Patético…”

El Coronel Lardo le echó abajo de un simple espadazo. Se conformó con un corte en el hombro, para ver si el caballero reaccionaba. Sin embargo, y a pesar de que era plenamente consciente de que la ya no le quedaban más rosas turquesa y de que su nivel de sangre estaba bajo mínimos, Gabriel continuó atacando una y otra vez, y cada vez que lo hacía, Dayuri le propinaba un nuevo corte, cada uno más profundo y dañino que el anterior, pero con una diferencia tan mínima que el caballero no era capaz de discernir la diferencia de intensidad de los cortes.

“Dime, ¿de qué te sirve una promesa si estás muerto? ¿Qué es eso tan importante que tienes que esconder si estás dispuesto a morir con tal de que no salga a la luz? ¿Tan estúpida es la persona a la que le hiciste la promesa que ni a ella misma le importa que mueras por algo así?”

“¡¡Cállate!! – Gritaba mientras trataba de levantarse de nuevo – ¡No hables así de Marta! Tú… Tú no lo entiendes… Ella… Ella ya no puede… Ya no puede responder a mi llamada…”

“¿Marta? ¿Quién es? ¿Tu madre? ¿O alguna guarrilla que te sueles pinchar? En cualquier caso, me decepcionas, caballero. Yo tan sólo quiero luchar contra ti usando los dos todo nuestro poder, pero después de lo que me ha costado encontrar alguien de mi nivel, vais y me hacéis esto. Uno no viene, y el otro es un cobarde.

Por culpa de gente como vosotros tengo que emplear mi tiempo en mi segundo hobby favorito, violar a menores de edad. No me malinterpretes, no persigo a las niñas, únicamente siento cierta predilección hacia aquellas mujeres que están a un paso de su mayoría de edad. Unos meses, unos días, con eso me basta para satisfacer mi fetiche.

Aunque mi pasión verdadera es el combate, por falta de adversarios de mi talla, todavía no he conseguido superar en placer a cierta noche muy especial – Gabriel estaba de rodillas, tratando de recuperar el aliento, mientras veía todos los nuevos cortes que le había asestado su adversario, y se lamentaba de no tener más rosas turquesa. Dayuri le agarró del cuello de la camisa, le levantó, le puso a la altura de sus ojos y se acercó hasta que chocaron suavemente sus frentes. Podía oler el aliento exhalado del caballero, sentir sus gotas de sudor, y ver la desesperación en sus ojos. Todo sería perfecto sino fuera porque había conseguido todo eso sin un gran duelo de por medio, así que se tenía que conformar recordando aquella vieja historia – Una noche, encontré a una muchacha de buen ver sola en la carretera. Al principio pensé que era una prostituta, pero estaba equivocado. Su forma de vestir, su bolso, y como estaba intentando llamar por el móvil enseguida me hicieron darme cuenta de que sólo era una niña pija que estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado. Seguro que había tenido problemas con sus padres o con su novio, algún gilipollas que seguramente habría tratado de propasarse con ella, y había decidido hacer una escapadita para llamar la atención.

Era morena, con los ojos marrones y la piel clara, además de estar delgadita y tener un buen par de tetas. Sólo me faltaba un pequeño detalle para entrar en acción, saber su edad. Estaba muy buena, como te digo, pero sin ese pequeño detalle no soy capaz de ponerme cachondo. Me quedé observándola, seguía intentando llamar por teléfono, intuyo que para que alguien viniera a recogerla, pero no consiguió que nadie se lo cogiera, y en medio de la carretera deseó ser mayor de edad para tener coche de una vez y poder valerse por sí misma. En ese momento yo ya tenía los pantalones empapados. ¿Sabes lo que hice después? ¿Lo sabes caballero? ¿Lo sabes? Sí, me acosté con ella, me la tiré, le eché un pinchito, le di mandanga de la buena, gozó como una perra y no te puedes imaginar cuánto.

Al principio trató de resistirse, pero en cuanto empezó a disfrutar eso terminó y la cosa se volvió mucho más interesante. Le comí un poco las tetas y después le rompí la ropa y comencé a follármela en todas las posturas que se me ocurrieron, por supuesto, también por el culito, ese culito tierno, todavía recuerdo mis pelotas rebotando contra él. Me gustaba tanto que supe que me iba a correr de un momento a otro, así que le agarré la cabeza y terminé en su boca, como tiene que ser. Quedé tan satisfecho que la solté inmediatamente y me marché dejándola allí, para que quien fuera que la hubiese abandonado en aquel lugar pudiera encontrarla de nuevo.

Me he tirado a muchas menores, caballero, pero te puedo asegurar que jamás había visto ni penetrado un chochito tan jugoso y caliente como ése. Después de eso, todas las putillas me sabían a pis, y creía que podría superar el placer de aquella noche luchando contra ti, pero en vista de tu actitud, voy a matarte para ir en busca del caballero del fuego. Adiós, Gabriel”.

El caballero había estado escuchando todo el relato mirando directamente a los ojos de Dayuri, teniéndolo tan cerca que hasta él había podido sentir cada uno de los detalles que le iba contando, a la vez que rememoraba el vídeo de aquella cámara de vigilancia que tanto dolor le supuso entonces.

Todavía no era plenamente consciente de lo que hacía, y de un acto reflejo, tiró al suelo al Capitán Lardo de un violento empujón. Dayuri, que no esperaba ningún tipo de resistencia, fue derrotado por el factor sorpresa y cayó al suelo sin poder evitarlo. Cuando levantó la vista, la mirada de Gabriel había cambiado. Sus párpados se habían vuelto de color rosa, su iris de color amarillo, y sus pupilas ahora eran ligeramente rectangulares con los bordes redondeados.

“Prepárate para el combate que tanto has estado buscando, porque yo... ¡Soy el más fuerte de todos los caballeros!”


Curiosidades!!!


Senbonzakura es una técnica de Kuchiki Byakuya de Bleach


La gracia de la túnica es por Prince of Tennis, donde en un partido hace caer la chaqueta del contrario, que siempre ganaba los partidos sin que se le cayera.


La frasecilla de la mandanga y gozó como una perra es de Javier Maroto en La Que Se Avecina.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Could you upload on torrent Final Fantasy XIII undub?

I already saw you uploaded FFXIII-2 undub.

Mana_Rubén dijo...

That wasn't a real UNDUB, was the Chinese and English version of the game that include japanese voices and englich text, you can buy it on eBay cause now I can't upload it. Thanks you

Jon dijo...

Muy bueno el capítulo, ha ido de menos a más y como siempre te digo el que dejes con algo de intriga hace mejor a estos capítulos.

“Sí, por supuesto que lo sé – contestó a la vez que ponía en pie (que se ponía)
Estoy seguro de que fingió caer bajos los efectos de mi rosa aposta (bajo los efectos)
y a pesar de que era plenamente consciente de que la ya no le quedaban más rosas turquesa (de que ya no le quedaban)

Un saludo a todos